La Mostra del Còmic de València: ¿por qué no en el centro de la Plaza?
Si nos ponemos puristas, la ubicación de las casetas de la Mostra del Cómic de Valencia es un escándalo: desperdigadas, en forma de uve, a ambos lados de la alfombra roja de la Mostra del Cine, desordenadas... La gente se apretuja entre las vallas que protejen la alfombra "de las estrellas y estrellos" y los mostradores de las casetas. Resultado no ve nada porque se encuentra incómodo.
No es que haya demasiado que ver, en total son una docena de puestos más o menos, pero siempre resulta interesante echar un vistazo por si cae el último cómic de tu personaje o artista favorito o, por si encuentras, alguna colección que creías imposible de localizar. Por supuesto nada que ver con el Salón Internacional de nuestros primos del Norte. Nada. Aunque de eso, del Salón de nuestros primos del Norte, digo, también podríamos hablar largo y tendido.
A lo que iba. Lo positivo, que creo que es con lo que tenemos que quedarnos: gracias a estos doce puestos de venta de tebeos, el centro de la ciudad recupera una parte de cultura que parecía olvidada en Valencia. Recuerdo que, a finales de los 70, completé mi colección de 'Blue Jeans' y 'Bumerang' en aquellas casetas verdes en las que se albergaba la Feria del Libro de Valencia. También allí compré mi primer Astérix: 'Astérix el galo'. La Feria, nadie lo discutía entonces, se instalaba en el centro de la plaza. El aforo de las casetas era limitado, ya lo sé, pero tenía un enorme atractivo. La cultura, el meollo de la cultura escrita, los sueños e ideas de miles de escritores y también ya entonces de muchos dibujantes, estaba en el corazón de la ciudad, frente a la casa consistorial y al aire libre, no enclaustrada en vetustos pabellones de comienzos del siglo XX.
La pregunta es: ¿costaría mucho trasladar esas casetas de tebeos al centro de la plaza? Si somos capaces de prohibir el paso por el corazón de la urbe durante casi un mes por las mascletàs i mascletades, si soportamos esas jaulas en las que recluyen a los petardos y petarderos durante unos cuantos días más, ¿no podriamos ubicar allí cada año una veintena de puestos de venta de cómics? ¿Supondría un desembolso económico muy grande? Yo creo que no y, además, si vuelven a coincidir Mostra del Cine y Mostra de Cómics no se molestarían. Quien quisiera asistir al cine lo haría con mucha mayor facilidad, sin tropezar con vallas, puestos de venta, alfombras rojas y "estrellas rutilantes", y quien quisiera comprar o ver cómics lo mismo. Por supuesto, la combinación perfecta es comprar un cómic y, luego, meterse en el cine. O al revés.
Es sólo una propuesta que los ediles de esta ciudad podrían meditar. De momento, confórmense, mis improbables, con estas fotografías de la Mostra.
El Kiosquero.




