Will Eisner, Billy Wilder
Cuando uno, cansado por el trabajo y el calor, se abandona sobre el sofá del comedor y necesita que le cuenten una historia para levantarse con nuevos ánimos al día siguiente, como me ocurrió hace unas cuantas noches, echa mano de lo que tiene en casa. Fue así como decidí repasar un deuvedé de esos que permanecen toda la vida callados, esperando su oportunidad en la estantería, y no encontramos el momento, Ya los veré otro día, para revisitarlos. Se trataba de la conocida película ‘El apartamento', dirigida por el genial Billy Wilder. Una vez más pude constatar, a pesar del paso de los años, que la comedia seguía igual y que su director, genial, probablemente continuaba siendo el número uno del género. También pensé que no sabría a lo mismo si hubiera sido rodada en color. El blanco y negro o el negro y blanco acentúan matices insospechados y otorgan una vida distinta a los objetos, a los escenarios, a los personajes.
A medida que la veía, a medida que la historia circulaba por mis venas y me hacía sonreír, o indignarme, fui dándome cuenta que aquellas calles, que aquellos personajes y aquellas indumentarias me resultaban tremendamente conocidas, familares. El flash se disparó en el momento en que el señor Baxter, Jack Lemmon, tiene que aguardar a que su propio apartamento se vacíe para poder acostarse, ya que se lo ha prestado a uno de sus jefes para que se vea allí con la amiguita de turno. Mientras eso ocurre, Jack Lemmon, el señor Baxter, permanece debajo de una escalera, escondido para no molestar, vestido con una gabardina y tocado por un sombrero.
¿Dónde había visto yo aquella gabardina? ¿Dónde el sombrero? ¿Dónde la pequeña balaustrada?
La respuesta vino sola: Will Eisner. Primero, pensé en las aventuras de Spirit, la gabardina de Do
lan se me apareció, junto con su sombrero, en una imagen superpuesta a la pantalla por mi retina. Pero no, no era Dolan quien acudía a mi mente, sino cualquiera de esos personajes grises que Eisner retrató en ‘Contrato con Dios' o, especialmente, en esa magnífica recopilación de historietas sobre la capital neoyorquina que es ‘Nueva York. La vida en la Gran Ciudad', editado por Norma Editorial, ya hace algún tiempo. Por las páginas de este grueso volumen, desfilan numerosos personajes que, en color marrón (o sepia) y blanco, podemos contemplar en la película de Wilder. En la página 122, sin ir más lejos, viñeta de la esquina inferior izquierda, hay un tipo vestido con la misma gabardina, corte trasero incluido, y cubierto con el mismo sombrero que esgrime el señor Baxter, Jack Lemmon. Ya con la película mucho más avanzada, casi hacia el final, el director introduce un cotillón de fin de año donde se produce una explosión de júbilo, copas de champán, serpentinas, confeti, gorritos y música, mucha música. Los tipos que en ese escenario se dan cita no tienen desperdicio, por lo estrafalario de sus indumentarias, y, muchos de ellos, también están en los dibujos de Eisner. Wilder (1906-2002) y Eisner (1917-2005) fueron contemporáneos durante un buen periodo de su vida. Vivieron, o se ambientaron, en territorios conocidos y comunes, los llevaron a la pantalla y a la hoja de papel en blanco, nos hicieron reír y llorar con sus imágenes y textos. Los dos compartieron una aguda - y ácida - manera de ver el mundo, la ciudad, Nueva York que, cada uno en su medio, fueron capaces de transmitir al resto de mortales que todavía poblamos este mundo.
Will Eisner fue uno de esos tipos que no deberían haber muerto nunca. Billy Wilder, tampoco. Disfruten de ambos.
Dr. Lynch




