"A veces, un escritor necesitaría cinco páginas para contar lo que algunos dibujantes narran en una sola viñeta" (David Torres, escritor)
A David Torres, le conocí hace cinco años. Promocionaba entonces ‘El gran silencio', su obra finalista en el Premio Nadal de 2003. Fue en el mismo lugar, ‘La Casa del Libro' de Valencia, en otro piso, de pie, junto a la escalera. Hoy, sentados a una mesa redonda, sellada por un tapiz de mármol, charlamos sobre algo que no es lo suyo, aunque durante un tiempo lo fue o lo pudo ser: el Cómic. El ganador de la última edición del Premio Tigre Juan de Novela respondió unas cuantas preguntas sobre el universo del Cómic.
¿Con qué aprendiste a leer?
Empecé con los tebeos: Mortadelo y Filemón, 13 Rue del Percebe, Pepe Gotera y Otilio. Especialmente Mortadelo me parece una maravilla. Luego comencé a simultanear cómics y novela.
¿Seguiste leyendo cómics en tu juventud?
Sí e incluso hice pinitos y llegué a dibujar alguno. En mi época todos comenzábamos por Mortadelo. A mí me gustaban las ediciones juveniles de Jack London y, al principio, sólo leía las viñetas que salían allí. Pero un día me dije: voy a leer el texto. Y leí ‘Los pescadores de ballenas' de Salgari. Y cuando vi la descripción de la aurora boreal que hacía el autor, pensé que aquello era insuperable, que nadie podría dibujarlo tal y como él lo describía, ni siquiera ningún director de cine. Entonces me di cuenta de que ese dicho de que una imagen vale más que mil palabras no era del todo cierto.
¿Qué personajes eran tus favoritos?
Prefería los cómics de ciencia ficción y los dibujos de Richard Corben, aunque sus historias no me entusiasmaban. Sus tetonas me ponían muchísimo y cuando me enteré que su mujer era así me pareció algo muy divertido. Me encantaban los cómics de ‘La cosa del pantano' y su dibujante, Bernie Wrighston, me parecía un ser solitario, triste, terrorífico y que daba lástima al mismo tiempo. Siempre me han interesado ese tipo de monstruos. Aprecié enormemente el humor de Bea, me reí un montón con ‘Historias de Taberna Galáctica' y me gustó el Alfonso Font de ‘Cuentos de un futuro imperfecto'. Recuerdo también a José Ortiz. Y tuve la suerte de que uno de los grandes, Carlos Giménez, me ilustrara un relato para un libro que hicimos en Vodafone. Recuerdo al Carlos Giménez de ‘Paracuellos', pero a él sobre todo le debo el descubrimiento de grandes escritores, como Jack London y Stanislav Lem, a través de sus adaptaciones.
En este momento tú con tus ‘Niños de tiza' y Carlos Giménez con su ‘36-39' cojeáis del mismo pie: él está contando la Guerra Civil desde el punto de vista de un niño y tú cuentas tu historia desde el punto de vista de un muchacho de 10-12 años...
Él clava la infancia y los críos. ‘Paracuellos' creo que va a quedar como un testimonio de época, más que muchas novelas.
¿Sigues leyendo cómics en la actualidad?
No, la verdad es que no. A veces, Fernando Marías me pasa alguno como estos nuevos de ‘El Bruto' y eso que ahora llaman, de una manera un poco pedante, novela gráfica. Me decepcionó mucho ‘300', porque a mí la historia de las Termópilas me parece ya tan tremenda que no necesitas meter un jabalí de 15 metros. Si cuentas la historia como es, resulta mucho más espectacular: trescientos tíos haciendo frente a todo el ejército persa ... ya me contarás qué fantasía puedes añadirle a eso. El cómic es una lectura que he dejado un poco de lado, aunque si cae en mis manos un buen tebeo disfruto con él. Y también las viñetas. Yo, que soy columnista, cuando veo una buena viñeta de El roto, de Nacho o de Gallego&Rey, pienso ¡qué bien hecha está! Yo necesitaría cinco páginas para decir lo que ellos cuentan en una sola viñeta.
No hubo tiempo para más. El avión salía rápido. Así que lo tuvimos que dejar aquí.
NOTA.- LA foto es de Susana Alfonso.
Herme Cerezo __________________________________________


