Antonio Orlando Rodríguez: la memoria de sus cómics
Con su novela Chiquita, Antonio Orlando Rodríguez (Ciego de Ávila, Cuba, 1956) conquistó recientemente el XI Premio Alfaguara 2008, entre un total de más de quinientos originales presentados al concurso. Detrás de este escritor cubano de verbo fluido y pulcro y escritura elegante, se esconde otro aficionado al Cómic. Con él mantuvimos una breve charla sobre el mundo de las viñetas.

¿El Cómic fue su introducción a la Literatura?
Yo pertenezco a la generación que en los años 60 se fascinó con Tintín. Cuando tenía 10 años, Tintín era lo máximo. Yo iba a la Biblioteca Nacional para leer sus álbumes.
¿También el de Tintín en el país de los soviets?
No, ese no llegó, ni tampoco Tintín en el Congo, por racista. Pero los demás si que pasaron la censura de los bibliotecarios y allí estaban. Más mayor, leí Astérix, pero no fue nada comparable con Tintín, y también conocí otro tipo de tiras como Mafalda, que es más adulta y me divertía mucho. El Cómic, durante una etapa de mi vida, fue muy importante para mí.
¿Ahora no lee cómics?
Ahora no. Quizá de vez en cuando vuelvo a mis amores primigenios y releo un Tintín. Admito que como lector no he tenido la oportunidad de entrar en las últimas tendencias del género. Aunque sí puedo decir que todo lo que tenga que ver con el Manga lo detesto. El Cómic ha de ser una integración, no admite separación entre imagen y contenido. Si no me seduce visualmente, aunque la historia pueda ser de interés, no me gusta. Y a mí la estética del manga me resulta indiferente, un poco exasperante. Sé que el Manga tiene muchos devotos, que me van a linchar, y pido perdón, pero me parece muy pobre visualmente. Casi se podrían hacer sus historietas con plantillas.
Elpidio Valdés, personaje creado por el historietista cubano Juan Padrón.
El Cómic, ¿tiene tradición en Cuba?
Mucha, sobre todo en los 60 hubo una gran explosión de cómics, entre ellos destacó Elpidio Valdés, un personaje delicioso, alucinante, dibujado por Juan Padrón, un historietista muy imaginativo. Salía semanalmente. Se trataba de un mambí, un guerrero independentista cubano del siglo XIX que caía en el Japón de los samurais. Tuvo un éxito loco. Y de pronto, las autoridades culturales decidieron que el personaje no podía vivir unas situaciones tan absurdas, había que usarlo para la educación patriótico-militar de los jóvenes. Y Elpidio se volvió un héroe virtuoso, bastante aburrido a mi juicio, que no podía cometer ningún desliz. Sin embargo, mantuvo su popularidad. Incluso se rodaron varios largometrajes para el cine sobre este personaje.
¿Se ha planteado alguna vez la posibilidad de escribir un guión para un cómic?
No, pero porque nunca me lo han propuesto.
Espiridiona Cenda, la protagonista de su novela Chiquita, ganadora del Premio Alfaguara, ¿podría ser llevada al Cómic?
Sí, pudiera serlo perfectamente, sobre todo ahora que hay cómics de seiscientas páginas. Yo nunca he pensado que el Cómic sea un sublenguaje estético, ni ideológico. Todo lo contrario. Durante muchos años trabajé en Colombia, en Fundalectura, una institución muy seria que existe en Bogotá para formar lectores y promocionar el hábito y la afición a la lectura. Y nosotros recomendábamos calurosamente la iniciación a través del Cómic, pero no sólo como puerta de acceso a la Literatura, sino como un género que puede coexistir con la lectura de libros. Un buen cómic es una manifestación artística tan válida como cualquier otra, es simplemente un lenguaje más, otra forma de contar una historia. Un género, por otro lado, muy difícil porque tiene que conjugar el texto con la imagen como dije antes.
___________________________________ Hermezo


