Categoría: WILL EISNER
16 Enero 2009
La película THE SPIRIT, como ya dije, no se pasa, pero los productores están dispuestos a explotarla al máximo. Y así, el otro día me tropecé en una librería generalista con una guía visual de cómo se rodó THE SPIRIT, con fotografías de Samuel L. Jackson, Scarlett Johansson, Paz Vega, Eva Mendes y demás. El libro, editado por Norma, es apaisado, tapa dura, a todo color y contiene un montón de detalles sobre el rodaje, el vestuario, efectos especiales, ilustraciones del storyboard de Frank Miller, comentarios y anécdotas sobre la película.
En fin, para los más entusiasmados, aquí lo tienen. Y que preparen 29,50 euros del ala.
¡Toma crisis!
El Kiosquero
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3 Enero 2009
No soy muy aficionado a las versiones cinematográficas del Cómic. Prefiero lo contrario, es decir, pasar del celuloide al papel y tinta. Sin embargo, armado de valor, esta tarde, por fin, he acudido a ver ‘The Spirit'. Veintidós personas, lo que leen, mis improbables, veintidós que las he contado yo con mis dedos en la sala. Trece de ellas teenagers, o sea, gente joven, comentarios rijosos propios de la edad, palomitas, coca colas, etcétera, incluidos. La proyección comenzaba a las 18,20 horas y a las 18,15 aún permanecía inicólume la puerta de la sala nº 5 donde la iban a proyectar. Un altavoz anunció por dos veces la inminencia del inicio. Pero la puerta se mantuvo cerrada a canto y cal hasta que a las 18,16, ciscándose en todo lo ciscable y jurando en arameo, nos franqueó la entrada un limpiador, que cargaba escoba y recogedor reglamentarios, chaleco malva y pantalón negro, con lo que los cortos previos nos los perdimos. A las 18,22, más o menos, saltó el primer crédito a la pantalla. Así, pues, faltó poco para que no viéramos el arranque de la película. Luego a lo largo de la sesión, alguien intentó "gasearnos" a base de ráfagas de potente calefacción. Y es que Valencia, a ver si se entera alguien, no es Madrid, ni Oslo, ni Berna, ni Teruel. Valencia es Valencia y no hace tanto frío ni siquiera cuando lo hace.
La película. Pues ¿qué quieren que les diga? Cosas buenas y cosa
s malas, de todo hay en botica. La primera cosa mala es que algunas leyes del Cómic no se trasladan bien a la gran pantalla. Eso del cuchillo atravesando el cuerpo de Spirit pues "no cuela" en una peli tradicional. Queda bien para los dibujos animados y poco más. No me imagino yo, por ejemplo, en una película de "carne y hueso" al coyote reventado por un cartucho de dinamita, ante las carcajadas del beep-beep, y la siguiente escena totalmente recuperado y deseoso de pelea. Empiezo a creer que cada género tiene determinados recursos o códigos propios que es mejor no traspasar de uno a otro, porque no riman. La segunda cosa mala es que la película queda demasiado oscura - las historietas del tipo del antifaz no son tan sórdidas - y la tercera que la acción de las historietas de Spirit se desarrollan en las décadas de los años cuarenta y cincuenta, cuando no había móviles (o celulares) ni rifles electrónicos, el de la agente Morgenstern parece un ordenador de última generación con gatillo, y tampoco había antidisturbios con gafas para mirar en la oscuridad. Todo ello mezclado con los coches policiales originales de la serie, puro anacronismo que no casa con todo lo anterior que Frank Miller ha deslizado en su "spirituosa" versión cinematográfica.
Pero también hay aspectos interesantes. Me ha parecido muy logrado, muy de Cómic, MUY DE EISNER algunos enfoques a determinadas escenas. Por momentos, me he acordado de las magníficas portadas de muchos de los episodios de Denny Colt, en las que el dibujante norteamericano se revelaba más maestro que nunca. Está bien el comisario Dolan. Resulta creíble, aunque le falte su mechón de pelo en punta (lleva siempre puesto su sombrero medio chafado). También interesante la imagen en la que Spirit se libera de su féretro en el cementerio de Wildwood, también muy de Eisner, así como algunas vistas de las calles desde los terrados de los edificios.
Las mujeres fatales P´Gell, Silo, Sand Saref, Skinny Bonnes y la doctora Ellen Dolan no están mal, aunque la Dolan peca mucho de blandita a mi entender. Samuel L. Jackson es un buen Octopus, interesante cuanto menos, y resulta, sobre todo, muy coherente ya que, aunque aparentemente muere, su dedo sigue vivo, lo cual deja abierta la puerta para posibles continuaciones. Y es que, ¿qué sería de Spirit sin Octopus? Nada, un sinsentido. Como le ocurriría a Tintin sin su Rastapopoulos.
Termino hablando sobre el argumento. Se lo podían haber currado un poquito, sólo un poquito más, para que la historia hubiera resultado algo más dinámica, interesante y atrayente. El interés de este Spirit, ¡qué lástima!, no radica en el argumento sino en la puesta en escena. En fin, que ‘The Spirit' tiene pros a favor y en contra. Yo no la echaría al pozal de la basura, pero tampoco tiraría cohetes.
Hermezo ______________________________________________________________
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27 Diciembre 2008
Quizá el término vampiresa sea un poco excesivo, especialmente para la primera de las dos heroínas sobre los que me propongo escribir hoy: Miss Lace y P'Gell, pero de todos modos me parece palabra adecuada para generalizar. De siempre me fascinaron ciertos personajes del llamado - mal llamado - sexo débil del cómic: cualquiera de las mujeres creadas por Manara o Lauzier; la "inocente" Sally Fort de Wally Wood; la seductora y cantinera Chihuahua Pearl de Giraud; la aventurera Isa de Bourgeon; la Falbala de Uderzo, amor imposible de Obélix; las voluptuosas chicas de alterne del Luca Torelli de Bernet; las enigmáticas, con pasado dudoso incluido, de Hugo Pratt (o tal vez deba decir de Corto Maltés) o las dos mujeres citadas al principio como objeto de este artículo. Nunca pude, sin embargo, con la Valentina de Guido Crépax. No me pregunten por qué. No lo sé y no voy a perder tiempo en averiguarlo. Probablemente, el hecho de que no me interesasen las historietas ni la estética del autor milanés tenga bastante que ver en ello.
Miss Lace (en castellano, la señorita Encaje) es obra del dibujante norteamericano Milton Caniff. Las tiras de Miss Lace, recogidas en una historieta cuyo título era ‘Male call', tienen su origen y su motivo en la Segunda Guerra Mundial. El gobierno norteamericano, preocupado por la "salud mental" de sus combatientes, decidió incluir algún tipo de divertimento gráfico en forma de historieta, en los boletines informativos que se editaban en cada campamento. De este modo, en 1942 se reunió un grupo de dibujantes y guionistas para preparar material con que abastecer las tiras que aparecerían en estas ediciones. La verdad es que a la juventud estadounidense que luchaba en el frente, que había crecido leyendo cómics, nada les parecía más natural que la inserción de estas series en los "periódicos militares". El propio Caniff, en la recopilación íntegra de las 152 tiras de ‘Male Call', que Toutain Editor lanzó en España en el año 1982, hablaba de su trabajo: "Durante la guerra, en los más apartados rincones del mundo, fueron una importante distracción (aunque fuera tan sólo de uno o dos minutos), un paréntesis de optimismo que sería para hacer olvidar momentáneamente la depresión que a todos nos rodeaba. La finalidad básica de esta serie concreta fue darle a la tropa de todas las armas un personaje que fuera exclusivamente suyo. Por esta razón, la tira nunca fue publicada en revistas o periódicos "civiles"".
Lo primero que debemos hacer, cuando nos enfrentamos a las historietas de este singular personaje, es formularnos una pregunta: ¿qué demonios hacía una mujer tan espléndida como ella en un campamento militar durante la II Guerra Mundial? Y la respuesta sólo puede ser una: nada. Pero como esta respuesta no es aceptable, hay que buscar otra explicación. Y ésta no puede ser otra que la de levantar la moral a la tropa, entretenerla, hacerla sonreír. Y a eso, precisamente a eso, se dedica Miss Lace. Nue
stra heroína aparenta una cierta ingenuidad. No va pidiendo guerra a gritos, antes bien lo contrario. Pero cuando el guión lo exige, la Miss no recula. No regatea sus favores pero tampoco los exhibe. Se desenvuelve con soltura y familiaridad suficientes. Es la suya una postura ambivalente, pues no dudará en irse con algún soldado, preferentemente de la tropa, necesitado de "cuidados especiales", al tiempo que, para guardar las apariencias, también simulará hacerlo cuando algún soldado la requiera para favores menos sensuales, tales como que le prepare una sencilla tarta. A lo que ella responderá: "Bien, estamos en guerra ... ven a casa mañana bien entrada la noche ... ¡Debo mirar por mi reputación!" Es sin duda esa actitud suya, lo que la convierte en objeto de deseo de todos los soldados de la isla donde Caniff radicó sus historietas.
Miss Lace participa también de la vida diaria de los militares. Es frecuente verla inmersa en partidas de juegos de azar, desplumando a los soldados de sus cigarrillos rubios, mientras ellos la animan a seguir lanzando los dados para que sus pupilas gocen, chispeantes, deseosas, con el generosa balaustrada pectoral de la protagonista. Escotes, ligueros, pelo largo y negro, vestidos ajustados, fundamentalmente sin tirantes, pestañas rizadas hasta lo imposible por un rímel también negro y labios perfilados y brillantes caracterizan a Miss Lace. En esto, en los rasgos, ‘Male call' no se aparta un ápice de los modelos femeninos trazados por el dibujante estadounidense en sus otras historietas, Dragon Lady y Burma, modelos que él mismo describe con argumentos sólidos: "Mis personajes femeninos son exuberantes y preciosos. A ambos sexos les encanta ver a mujeres hermosas haciendo cualquier cosa. Se ha dicho con razón que el noventa y cinco por ciento del interés de cualquier obra de ficción se centra en lo que les sucede a los miembros femeninos del reparto". Miss Lace se despidió de su público en 1946, al acabar la Guerra, con esta frase: "Siempre que me necesitéis estaré a vuestra disposición". Y ya sólo me cabe añadir una digresión antes de pasar a la siguiente protagonista: ¿conocería Vargas Llosa a Miss Lace antes de escribir su famosa y divertida novela ‘Pantaleón y las visitadoras'? Yo apostaría a que sí.
Muy diferentes es P'Gell, la eterna vampiresa - a esta sí que le cuadra el térm
ino con absoluta propiedad - de las historietas de The Spirit, obra de Will Eisner. ¿Quién no escuchó nunca la frase: "¡Es P'Gell!"? Sin duda que ningún buen aficionado al noveno arte ha escapado a estas palabras. Al oír ¡P'Gell! tiemblan puertas y ventanas, pistolas y balas, piernas y corazones, policías y ladrones, ratas y cloacas de Central City. Nunca se pronuncia este nombre a la ligera en viñeta alguna. Jamás. Todo lo contrario, siempre suena escoltado por esos signos de admiración, porque P'Gell siembra intranquilidad, zozobra ... y deseo. Un deseo irrefrenable que ha llevado a la tumba o a la ruina, o a ambas cosas a la vez, a un montón de hampones, de joyeros, de banqueros, de hombres de negocios, trasnochados "viejos verdes" que no se conforman con sus ingresos, lícitos e ilícitos, sino que, llevados por una ambición insaciable, también desean participar del cuerpo, más prometedor e insinuante que otra cosa, de P'Gell. Allá por donde aparece la vampiresa suenan las trompetas de la gloria, de las promesas inexistentes, de la codicia, de la avaricia y del asesinato. Un asesinato del que, por una causa u otra, ella siempre sale indemne y en el que además, en la mayoría de ocasiones, sirve al culpable en bandeja a los pies planos del comisario Eustache P. Dolan. Gracia que tiene la chica.
P'Gell es un personaje completamente reiterativo en The Spírit. Incluso en la nueva continuación de la serie, esa que con periodicidad mensual viene editando Norma Cómics desde este año, la recurrencia a esta mujer por parte de los distintos dibujante que la ilustran es más que asidua. E irrenunciable. Porque The Spirit es difícilmente comprensible, como cómic, si, de vez en cuando no aparece la silueta sinuosa y contoneada de P'Gell, que además tiene comida por los celos a Ellen, la hija de Dolan, eterna novia del hombre del traje y sombrero azules, del antifaz negro y corbata roja.
P'Gell muestra idénticos labios brillantes y pestañas rimeladas que Miss Lace. Sus cabellos son una melena, corta y ensortijada, bañada en reflejos pelirrojos. Su figura es atractiva, más estilizada que la de su competidora de hoy, realzada siempre por unos vestidos largos con medias lunas a la altura de los pechos y zapatos de tacón. Sus poses son absolutamente postizas. P'Gell actúa constantemente: cuando habla, cuando ríe, cuando llora, cuando fuma, cuando convence, cuando camela ... Y la cosa no le va mal: siete maridos arruinados, algunos también muertos como escribía más arriba, así lo atestiguan.
La ideología de P'Gell está clara, no admite dudas. En los bocadillos de una viñeta podemos leer: "¡Qué mujer: sólo te importa el dinero" Y ella, sin despeinarse, pestañas abajo, mirándose las uñas, responderá: "No ... También están las joyas, las acciones". Pura humanidad, puro desinterés, todo altruismo como observarán esta P'Gell.
Y para resumir las similitudes y diferencias entre estas dos féminas, yo diría que la una, P'Gell, trastorna y descoloca, mientras que la otra, Miss Lace, consuela y reubica. Al personal del género masculino, claro.
Claro, claro.
Hermezo ______________________________________________________________
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3 Mayo 2008
Norma Editorial prosigue con la publicación del nuevo The Spirit, al que pronto habremos de llamar el reaparecido o el doblemente resucitado. En el presente mes ha salido a la venta el número 2 que, en realidad, es el tres porque la serie comenzó con el cero. Vaya usted a saber por qué. Afortunadamente, lo bien cierto es que este revivir del policía del antifaz, que carece de identidad, domicilio y datos fiscales, camina por los senderos del éxito.

En el número 2, que debía ser el 3, según les digo, mis improbables, nos encontramos con dos historias: ‘Resurrección’ y ‘Dura de pelar’. La primera de ellas, convoca al pasado de Denny Colt y narra su "muerte". Precisamente su vuelta a la vida dará origen al personaje de Spirit, protagonista de todas las historietas que llevan su nombre, una criatura de tinta y papel creada, como todos saben, por el desaparecido Will Eisner. Narrada por varias voces (Ellen, Denny, Dolan...), cada una de ellas ofrece su particular punto de vista sobre la acción: sus sensaciones, sus remordimientos, sus intuiciones. La segunda historieta arranca "in medias res" y trata del intento de captura de Octopus por parte de Spirit y Silk Satin, una peculiar y endurecida agente especial de la CIA. Por medio se cruzará un tipo llamado Hussein, que por su nariz, cara y atuendo, recuerda al Rastapopoulos de Tintín, y que puede proporcionarle un enorme juego a la serie como personaje secundario de cierto relieve.
Esta revisitación de The Spirit, de Darwyn Cooke, el de ‘Catwoman’, J. Bone (tinta) y Dave Stewart (color) ha recuperado el estilo de las portadas que hicieron famoso en su tiempo a Eisner. Sin llegar a la calidad de aquéllas, han doblado tamaño, se aproximan bastante a la originalidad de las antiguas. Lo realmente importante, a mi juicio, de esta reaparición es que Cooke ha conseguido mantener vivo el ambiente, los usos y costumbres del modelo primitivo, en una palabra y disculpen la redundancia: el espíritu de Spirit. Los protagonistas, gráficamente un tanto alterados, algo inevitable me temo, son los mismos y la secuencia narrativa muy similar: elipsis, personajes corales cíclicos, ambiente urbano, acción constante, apariciones súbitas de Spírit, etcétera. Incluso el formato es bastante similar al de aquellos tebeos que comprábamos a finales de los años 70 cuando comenzaron a publicarse en España, si bien estos, los nuevos, vienen completamente coloreados. Los tebeos, además, incorporan en su parte final las portadas originales americanas y la última página, bajo el título de ‘The Spirit News’, ‘The Spirit mails’ en la versión antigua, aporta una serie de noticias relacionadas con el mundo del personaje del antifaz, al que ahora algunos delincuentes llaman con sorna el hombre azul.
En fin, a esperar que los números siguientes, que aparecerán con cadencia mensual, mantengan la calidad y el interés de los tres publicados hasta ahora (0, 1 y 2, ya les dije). Y también su precio, más que interesante. En EE.UU. donde afirman que el éxito es total, caminan ya por el 15. Paciencia.
___________________________________ Hermezo
‘The Spirit’ nº 2
Darwin Cooke, J. Bone y Dave Stewart.
Norma Editorial, abril 2008
48 páginas a color, 4,50 euros.
(Publicado en SIGLO XXI el 03/05/08)
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8 Abril 2008


¿Qué queréis que os diga? Primero lo miré con recelo, alejándome, pensando aquello de "nunca segundas partes fueron buenas". Pero luego lo hojee con mayor detenimiento. Hasta que, finalmente, me convencí de que el asunto podría resultar interesante y decidí comprarlo.
Y leerlo.
Ha constituido toda una sorpresa para mí que alguien (Jeph Loeb, J. Bone, Dave Stewart y Darwyn Cooke, Norma Editorial) haya decidido "resucitar" a Spirit, por segunda vez. En USA según me informa mi proveedor habitual, la serie va ya por el número 14. Aquí llegamos de momento hasta el 2, aunque la publicación promete ser mensual.
En el primer tebeo, ‘Batman-The Spirit’, se les ha ocurrido mezclar al héroe del antifaz con Batman, lo que produce curiosos contrastes, entre otras cosas porque también se juntan los comisarios Dolan – muy conocido en este weblog – y Gordon y a algunos personajes más. Entre un superhéroe, el murciélago, y un semisuperhéroe, el resucitado, tampoco hay tantas diferencias.
El segundo tebeo, titulado ‘The Spirit’ simplemente, me parece mas eisneriano, si se me acepta el término. De todos modos el dibujo en ambos casos me parece estupendo, aunque en el segundo me recuerda mucho más al fallecido padre de la criatura original especialmente por los encuadres. En la serie aparecen los de siempre: Dolan, Ellen, P’Gell - ¡cómo no!, no había Spirit sin P’Gell – y Ebony y el modelo narrativo se parece mucho, afortunadamente también, al de siempre, con irrupciones de Spirit por el lugar más inesperado, en las posiciones más inverosímiles y en los momentos más adecuados.
El tamaño de estos tebeos recuerda mucho a los originales que yo coleccionaba allá por los años 80, si bien estos están coloreados. Cada numero consta de 48 páginas y cuesta 4,50 €, un precio que no se me antoja nada abusivo para los que, como el que suscribe, sentimos una terrible atracción por el detective innombrable.
En fin, que los "spirituosos" tenemos una nueva serie que seguir. Veamos que nos depara.
_____________________________________ Hermezo
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7 Marzo 2008

Ahora que 'El kiosco de Dolan' ha cumplido más de dos meses de vida, es bueno que dedique unas líneas a recordar quién es Eustache P. Dolan, el personaje que da título al blog. Me decidí por otorgar la titularidad de mi kiosco a Dolan porque siempre me gustaron los personajes secundarios. Son los que enriquecen la historieta, porque ¿qué sería de Carpanta sin Protasio o de Astérix y Obélix sin Asurancetúrix o Abraracurcix? Probablemente nada. Los segundones son los complementos de los protagonistas, los que les hacen coro, los que les jalean y los que, también en alguna ocasión, los sacan de apuros. Sin segundones, los protagonistas carecen de sentido.
Dolan aparece en los cómics de la serie 'Spirit', dibujada por el fallecido Will Eisner. Es el padre de su novia, Ellen, esa joven que cada vez que P'Gell, la mujer fatal, asoma sus encantos por las viñetas de Central City, comida por los celos y llevada por los demonios, se echa a temblar. Dolan es el comisario, el jefe de Spírit, el único ser humano - de papel y tinta, claro - que conoce la verdadera personalidad del policía del antifaz: Denny Colt, un antiguo detective al que todo el mundo daba por muerto.
Dolan no es protagonista directo de las historietas de Spirit, aunque en algunas de ellas tenga papeles más relevantes, pero suele aparecer al principio o al final de las mismas y sirve como colofón al capítulo. Debo reconocer que otro secundario de la serie, Ebony, también pudo ser el titular del blog. Pero me parecía un poco blandito. Así que, finalmente, me decidí por Dolan porque su carácter posee un puntito - o un puntazo - de cascarrabias renegón. Algo que rima bastante bien con el que esto suscribe.
___________________________________________ Hermezo.
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27 Diciembre 2007
Parece que fue ayer, pero el pasado día tres de enero se cumplieron dos años de la muerte de Will Eisner, maestro de maestros en eso de la historieta. Siguiendo la estela de los grandes ilustradores americanos (Winsor McCay, Hal Foster, Milton Caniff o Alex Raymond), Will Eisner, (Manhattan 1917), hijo de emigrantes judíos, encumbró el cómic a una de sus más altas cimas. Dotado de una peculiar forma de dibujar y, sobre todo, de distribuir sus imágenes, el neoyorquino fue todo un innovador del llamado Octavo Arte. En alguna ocasión ya he insist
ido en la necesidad de desterrar la idea de que el cómic es un género menor, para niños o adolescentes. Es cierto que hay tebeos específicos para estas edades, aquéllos que leímos de pequeños y que, cargados de nostalgia, repasamos años después, pero es innegable que existe otro cómic: el Cómic como género, mayusculeado, que no respeta barreras generacionales. Will Eisner, junto con muchos otros, se encuadra ya para siempre en este segmento.
El cómic norteamericano, estrechamente vinculado a los vaivenes sociales y políticos de su país, contribuyó a la integración de los miles de emigrantes que, hacinados en enormes buques, arribaban a sus costas. Parecía fácil ascender socialmente en los Estados Unidos, eterna tierra de promisión, y encontrar allí lo que en sus países de origen se les negaba. La sofisticada conjunción de imágenes y texto que ofrecía el cómic desempeñó un papel fundamental en el aprendizaje del idioma inglés para los recién llegados. Fue, sin duda, una didáctica involuntaria, pero enormemente útil.
Tras el crack del 29, en el mundo de la historieta aparecieron personajes que marcaban la superioridad del hombre blanco sobre individuos y culturas más primitivas: The Fantom, Mandrake el Mago o el propio Flash Gordon. Eisner, integrado en el Quality Comics Group, dibujó para este grupo una serie de héroes y villanos (Blackhawk, Espionage y Uncle Sam), pero es en 1940 cuando creará el personaje que le dio fama mundial: Denny Colt, alias The Spirit, un tipo, vestido impenitentemente de azul, con antifaz para borrar su pasado, que colaborará con la justicia a cambio de dinero, un auténtico cazarrecompensas. Spirit comenzará luchando contra el perverso Doctor Cobra, quien en uno de sus enfrentamientos logrará eliminarle. Pero Spirit no morirá. Al tercer día saldrá de su tumba, ¿les resulta familiar esto?, y revelará al comisario de Central City, Eustace P. Dolan, su verdadera identidad. Estableciendo su guarida en el cementerio de Wilwood, que más tarde abandonará, se integrará en el cuerpo policial como un agente secreto e inexistente, cuyo nombre sembrará el pánico entre los delincuentes. Desde ese instante, Spirit acentuará todavía más su lucha contra el hampa, personificado ahora por malvados atroces como Octopus o Mr. Carrion. Denny Colt se rodeará de personajes secundarios: su fiel ayudante Ebony White, un taxista negro que irá, paradójicamente, rejuveneciendo con el paso de los episodios; Ellen Dolan, hija del comisario y su eterna novia; P’Gell, -¡¡¡¡P’Gell!!!!- una perversa vampiresa, que intentará conquistar su amor ante los continuos ataques de celos de Ellen, y Silk Satin. La gran oportunidad de The Spirit surgió cuando comenzó a publicarse como suplemento independiente, de medidas exactas (siempre de siete páginas), a diferencia de las tiras que insertaban los periódicos, enlazadas un día tras otro, to be continued. Las aventuras de Spirit incluirán, como una constante, en su primera hoja un dibujo que envolverá el rótulo THE SPIRIT, a menudo las letras serán utilizadas como parte integrante de la escena, y romperá los moldes de las viñetas tradicionales, suprimiendo muchas veces los clásicos recuadros de las tiras, intercalando páginas enteras con un solo dibujo, sorprendente y majestuoso, y utilizando encuadres puramente cinematográficos. Eisner sólo dejó de dibujar la serie cuando fue movilizado para luchar en la II Guerra Mundial, periodo en el que fue sustituido por otros dibujantes y guionistas. La época dorada de The Spirit abarcó desde 1946 hasta 1952, momento en que dejó de publicarse. En palabras de Javier Coma "The Spirit es un lúcido testimonio de la descomposición ética de un mundo y la propuesta de un nuevo concepto del justiciero obrando por su cuenta: lejos de aplicar la ley según un código personal, se interpone (sin más éxito, muchas veces, que la triste constatación de lo irremediable) entre la dignidad del hombre y el institucionalizado abuso del poder".
Pero Will Eisner fue mucho más que el héroe del antifaz azul. Convencido de que "el cómic puede aspirar al mismo nivel literario que cualquier novela", con su libro Contrato con Dios creó la primera novela gráfica de la historia del cómic. Contrato con Dios retrata la vida de los habitantes de los suburbios de Nueva York y en sus páginas el de Manhattan conjugó relato y diálogo, en suma los mismos ingredientes que cualquier novela, con el aditamento esclarecedor de sus trazos inolvidables. Desde finales de los 70, Eisner dibujó más de una docena de álbumes de este tipo (Life in another Planet, A life force, Nueva York: la gran ciudad, Crepúsculo en Sunshine City, El soñador, El edificio, City People Notebook, El corazón de la tormenta, Invisible People, Una cuestión de familia, El último día en Vietnam, Pequeños milagros y Las reglas del juego). También adaptó al cómic obras literarias: La princesa y la rana de los hermanos Grimm; El Quijote, ¿hace falta nombrar el autor?; Moby Dick de Melville y The name of the game, extraído del relato africano Sundiata. Por último, el dibujante estadounidense, convencido como estaba de que el cómic "es una disciplina que puede ser enseñada y que su práctica puede ser aprendida", irrumpió como un teórico en el arte de la historieta, dejando claro su pensamiento al respecto en los libro El cómic y el arte secuencial y La narración gráfica), Hoy, cuando dentro de unos meses nos dispongamos a celebrar el centenario del nacimiento de Georges Remy, alias Hergé, otro monstruo, padre de ese reportero inolvidable del mechón rubio, llamado Tintín, y de su inseparable fox terrier, Milú, es preciso hacer un hueco en nuestra memoria y recordar a Will Eisner ahora que, como dije al principio, han transcurrido ya dos años desde su desaparición. Y han pasado muy deprisa, demasiado. Por fortuna, nos quedan sus novelas dibujadas, para gozarlas con tranquilidad, página a página, viñeta a viñeta, encuadre a encuadre. Gracias por todo, Will.
Herme Cerezo
(Publicado en el Diario del Siglo XXI, 26/01/07)
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