Publicidad:
La Coctelera

Inicio

Categoría: RESEÑAS

31 Octubre 2009

"Ciudadano Evremont, nombrado Darnay" o Charles Dickens e ‘Historia de dos ciudades'

"Ciudadano Evremont, nombrado darnay" es una de las frases, quizá la que más, que se repite a lo largo de una novela mítica y emblemática del escritor inglés Charles Dickens (Landport, Portsea, 1812-Gad's Hill, Rochester, 1870): ‘Historia de dos ciudades', publicada en 1858, cuando Dickens ya había compuesto una buena parte de lo más conocido de su producción: ‘David Cooperfield', ‘Oliver Twist', ‘Los papeles póstumos del club Pickwick'... Y ésta es una reseña doble. Es la reseña de la novela y la de su traslado al mundo del cómic, realizada en el año 1970 por el dibujante José María Casanovas Magrí, basada en la adaptación confeccionado por Armonía Rodríguez Lázaro. La aparición del tebeo - creo recordar que costaba quince pesetas - se inscribió dentro de la serie ‘Joyas Literarias Juveniles' que la editorial Bruguera sacaba por aquel entonces al mercado, un intento exitoso por divulgar la literatura más clásica (Verne, Stevenson, Dickens, Scott, Salgari, May, Conan Doyle, Melville, etcétera) entre los más jóvenes valiéndose del lenguaje del cómic.

Leí ‘Historia de dos ciudades', en cómic, hace muchos años, cuando me tocaba por generación. Fue una sorpresa mayúscula. La historia me atrajo por un doble motivo. De un lado, por el tema: hasta tal extremo llega el amor de un hombre por una mujer, que puede conducirle, incluso, a sacrificar su propia vida a cambio de salvar la de aquél a quien ella ama. Y por otro lado, por el propio cómic. Aficionado, como saben mis improbables, a los tebeos desde muy pequeño, constituyó un enorme alborozo descubrir las imágenes intransferibles creadas por Casanovas para este clásico, imágenes que, además, me proporcionaron mi primera aproximación a un tema tan importante como la Revolución Francesa. Recuerdo que una de las viñetas del cómic, la del baile de La Carmagnola por las calles de París, se quedó a vivir en mi mente durante mucho tiempo. Luego desapareció o eso creí yo, pero en realidad se quedó oculta, callada, disfrazada tal vez. Cuando hace poco decidí leer la novela, mientras la hojeaba en una librería, esta imagen regresó con autoridad propia, impulsada por algún resorte oculto del software que gobierna nuestro cerebro. En efecto, allí estaban aquellas parejas de parisinos y parisinas, desfilando alborozadas, panderetas al aire, con el castillo de rojos y puntiagudos remates al fondo, los gorros frigios, los fajines tricolores de la bandera francesa, cruzados desde los hombros hasta la cadera, bailando y cantando ante el anuncio de nuevas ejecuciones en la guillotina. Nunca pude entender, y quizá por eso la imagen permaneció latente en mi hard disk mental, cómo se podía estar alegre cuando se anunciaba un ajusticiamiento público. Había ahí una contradicción, alegría-tristeza, que no terminaba de asimilar. Y que la lectura de la novela de Dickens hoy, cuarenta años después, me ha permitido comprender mejor.

José María Casanovas Magrí (Barcelona, 1934-Mataró, 2009) fue un prolífico dibujante no demasiado conocido en nuestro país a mi entender. Comenzó dibujar en 1957 para la editorial Bruguera, aunque una buena parte de su producción voló al extranjero (EE.UU., Inglaterra, Finlandia, Alemania e Italia). Para Bruguera realizó algunos capítulos de la colección de ‘Joyas Literarias Juveniles' (‘El perro de los Baskerville', ‘Las Indias negras' o ‘Un descubrimiento prodigioso'), además de dibujar episodios de ‘El capitán Trueno' o 'El Jabato'. Igualmente, colaboró con la editorial Ferma y trabajó en algunas series de corte romántico y también de acción como la serie John Sinclair publicada en Alemania.

La ‘Historia de dos ciudades' dibujada por Casanovas es una estupenda adaptación de la novela del escritor británico, teniendo siempre presentes las limitaciones de espacio. En apenas 32 páginas, el dibujante catalán y la guionista, Armonía Rodríguez, hicieron un trabajo notable. Si tenemos en cuenta que la censura franquista, por la época, tendría el ojo avizor en torno a todo lo que oliese a ciertos temas, uno de ellos la Revolución Francesa de 1789, en la que nuestros vecinos le cortaron la cabeza a Luis XVI y abolieron la monarquía absoluta por él representada, su trabajo debió verse condicionado por este asunto. No es que Dickens, en su novela, se mostrase abiertamente partidario de los revolucionarios, es más bien lo contrario, pero no deja de admitir y denunciar la existencia de situaciones injustas que justificaron o, al menos, propiciaron la revolución: hambre, pobreza, distanciamiento del monarca con relación al pueblo llano, actitudes déspotas de los nobles, desprecio por la vida de sus súbditos ... Y eso, me imagino, de alguna manera habrían de controlarlo. Los censores, digo.

El dibujo de Casanovas es magnífico y minucioso, claro, perfectamente acabado, con un minucioso esfuerzo por retratar fielmente los exteriores, para el que indudablemente tuvo que servirse de fotografías y postales, ya que dudo mucho que su economía, o los dispendios de la propia editorial, le permitiesen desplazarse a la capital del Sena para ver los detalles "in situ". La imaginación antes - y aún ahora - sustituye con éxito al tren, al coche o al avión. Sin duda. Como muy bien dice TEBEOSFERA en un artículo dedicado a Casanovas, ".. fue un autor muy esmerado en el detalle [...] que nunca descuidó la profundidad de campo ni los detalles en primer plano que aportaban un toque de distinción al conjunto, pese a tratarse muchas veces de escenas cotidianas". Los enfoque de las viñetas de ‘Historia de dos ciudades' son espléndidos. Los hay de todo tipo, desde el tradicional hasta los dibujos trazados a ras de tierra, como si el lector estuviera pisando el empedrado donde se desarrolla la acción. Además, Casanovas rompe la viñeta tradicional cuadrada o rectangular para introducir otras redondas, alguno de cuyos elementos saca fuera de ellas, sobredimensionándolos, para destacar su importancia. Un recurso, este último, propio del noveno arte y del que los demás carecen.

La publicación de estos "Clásicos Juveniles", que ahora reedita PlanetaDeAgostini, es una estupenda oportunidad de recuperar los más de doscientas obras literarias que aparecieron durante los años setenta y ochenta en formato cómic, a todo color y en treinta y dos páginas. La colección se presenta en tomos de dos y tres títulos, agrupados preferentemente por escritores. Se echa de menos, sin embargo, una introducción, aunque fuese mínima, sobre los dibujantes, guionistas e incluso de las obras y sus autores. Algo así como lo que ha hecho Antoni Guiral en los ‘Clásicos del Humor' de Bruguera, que le otorga a los volúmenes un valor añadido del que carecen estos ‘Clásicos juveniles'. Y no piensen que es edición para cuarentones o cincuentones nostálgicos. La colección está pensada para todos aquellas personas que hicieron volar su imaginación pilotada por los grandes escritores de todos los tiempos, cuyos nombres ya he citado al principio. Las generaciones de hoy abren sus mentes a otras cosas: grandes hermanos, navegaciones por Internet, aventuras exóticas televisadas y otras cosas por el estilo. Quizá ellos estén en lo cierto y sea lo que toque hacer hoy. Quizá. ¿Quizá?

Y una cosa más. No se pierdan tampoco la ‘Historia de dos ciudades' original, en novela. Es un título que merece la pena ser leído. Primero, por la calidad narrativa de Dickens, que aporta el peculiar modo británico de entender las cosas. Él habla desde el punto de vista de quien vive en un país que parece exento de las oleadas revolucionarias y, la serenidad que esto le proporciona, le permite mirar con un innegable distanciamiento los acontecimientos que se desarrollaron en el país galo (el de Astérix) a finales del siglo XVIII. Como les decía antes, Dickens comprende los motivos que llevaron a los franceses a levantarse contra la tiranía, sin dejar de denunciar los excesos. Además, los datos que maneja el escritor inglés son buenos y ciertos, con lo que su argumento de ficción, en algunos pasajes, se apoya en hechos objetivos y sus comentarios, en ocasiones, bordean el filo de lo profético. Y no se asusten por las casi seiscientas páginas del volumen editado por Alianza Editorial y que es el que he escogido para leer la novela. Además de su cómodo manejo (no pesa mucho, amplios márgenes, tipografía suficiente), la traducción es estupenda. Y muy cuidada. Algo no muy normal en los tiempos editoriales que corren.

Herme Cerezo

‘Historia de dos ciudades', ‘Cuento de Navidad' y ‘Vida y aventuras de Nicolas Nickleby' de Charles Dickens. Colección Joyas Literarias Juveniles. Editorial PlanetaDeAgostini. Dibujos de Rodríguez Lázaro, Casanovas Magrí y Casamitjana Colominas. Tapa dura, color, 7,95 euros.

 ‘Historia de dos ciudades' de Charles Dickens. Alianza Editorial. Colección 2013. 592 páginas, tapa blanda, 9,90 euros.

 Publicado en SIGLO XXI el 31 de octubre de 2009.

 

 

 

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

21 Octubre 2009

‘Suéter’ de Esteban Hernández: un tema delicado, bien resuelto con colores vivos.

Una brillante portada. Líneas irregularmente rectas. Colores vivos. Un tipo joven de patillas largas, humeante, que asoma a la calle desde una estación del Metro. Por muchas coincidencias, el territorio parece Valencia. Pero eso no pasa de ser una anécdota. Puede ser cualquier ciudad española. O extranjera. Todas estas características anticipan lo que el lector va a encontrar en ‘Suéter’, último trabajo de Esteban Hernández.

Un blíster de ansiolíticos, o de somníferos, o de antidepresivos. ¡Qué más da! El protagonista se incorpora en la cama. Expresión dormida, ojos aún cerrados. Suena un despertador recalcitrante, ¡bip, bip, bip, bip, bip! Ya sentado sobre el borde del colchón, engulle la primera píldora de la jornada con un trago de agua. Luego permanece pensativo. Como si se tomase una pausa para lo que le aguarda. Silencio. Su mirada regresa tres años atrás. Recuerda sus comienzos con las drogas. Y la figura de un tipo, Lolo, el suministrador colega, que le ponía “tenso y paranoico”. El protagonista padece problemas psicológicos. Luego conoceremos cuáles. Culpa de todo ello a Lolo. O a las drogas. Ambas cosas son lo mismo. Pero es una justificación irracional. Y lo sabe. Y no lo oculta.

El dibujo de Esteban Hernández para este ‘Suéter’ carece de líneas rectas. Ya lo dije al comienzo. Todo parece trazado a mano alzada. No importa la exactitud. Y a pesar de ello, las perspectivas, la profundidad de campo se perciben con absoluta nitidez. Impagable es, a este respecto, la viñeta de uno de los pasillos del suburbano. O la del coche y el plano urbano al fondo. El trazo es limpio, adobado con sombras sencillas, que simulan pliegues y otorgan a las escenas el relieve justo que precisan. No más. Pero el estudio de los gestos, de los rostros, de los ojos, revela perfectamente el estado anímico de los personajes.

El protagonista, un enfermo esquizofrénico, encuentra un momento rutinario para dar rienda suelta a su imaginación: el puro acto de quitarse un suéter. En ese instante íntimo, imagina expresiones, vocaliza insultos mudos, interpreta muecas invisibles para todos menos para sí mismo. El suéter, quitarse el suéter, le proporciona el anonimato, la impunidad que precisa para sobrevivir a los momentos críticos de su existencia, aquellos en los que se siente inseguro, apagado, apático, melancólico, indefenso, derrotado… Un refugio oscuro, personal e íntimo. Intransferible. Y de esa intimidad, de ese rito banal – quitarse el suéter – es de lo que nos habla a lo largo del álbum.

Pero ‘Suéter’ esconde algo más que esa introspección individual. Todos los personajes que desfilan: un revisor, extrañamente coaccionado por la Compañía para la que trabaja; un anciano asustado y un escritor al que por su aspecto y atuendo confunden con la Parca, no son sino personajes de actitudes extrapoladas, delirantes, tan esquizofrénicos o más que el propio protagonista. El fino vericueto que separa la depresión de la ansiedad es transitado por poca gente en este mundo. Lo normal es, en ocasiones, caer hacia uno de los dos lados. Y recuperarse luego, claro. Lo peligroso es no hacerlo.

Para abordar este espinoso tema – la esquizofrenia, las drogas, el viaje interior – el dibujante recurre al color. Colores muy vivos, bonitos, brillantes, alegres. Una forma artística, tan válida como otra cualquiera, para analizar el problema. Y el paisaje urbano también le ayuda, dibujado de modo amable, acogedor, humano. Escaparates, cafeterías, ventanas, balcones, accesos al suburbano. Un entorno conocido, familiar, seguro. Una ciudad irreal, mestiza.

Una bella experiencia. Y dura, que incrementa el ritmo y la tensión página a página, viñeta a viñeta, trazo a trazo. Un cómic interesante este ‘Suéter’ de Esteban Hernández. Sin duda que sí.

Herme Cerezo

‘Sueter’ de Esteban Hernández Ed. Planeta, junio 2009. Tapa dura, color satinado. 11,95 euros.

Publicado en SIGLO XXI, 23/10/09

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

18 Octubre 2009

‘El Triángulo Secreto. Obra completa', un bocado exquisito para los amantes del cómic esotérico.

Aunque ya se había publicado en siete álbumes independientes, ("El testamento del loco", "El hombre joven del sudario", "De ceniza y oro", "El evangelio olvidado", "La infame mentira", "La palabra perdida" y "El impostor"), Edicions Glenat ha tenido la excelente idea de reeditar en un solo volumen ‘El Triángulo Secreto' de Didier Convard, Gilles Chaillet, Denis Falque, Christian Gine, Pierre Wachs, André Juillard, Patrick Jusseaume, Jean y Eric Stalner. Nueve autores, nueve. Ocho dibujantes, más el guionista Didier Convard (París, 1950), verdadero artífice de la obra. Y un colorista, Paul, cuyo nombre no figura en la portada. Con lo cual suman diez personas. Y, lo bien cierto, es que cuando uno se adentra en la complejidad de este cómic comprende perfectamente el porqué de tantos artistas metidos en harina para un solo trabajo.

‘El Triángulo Secreto' es cómic esotérico, una palabra que todos asocian a oscurantismo, símbolos extraños, rituales estrambóticos. Decir que algo es esotérico suena a fenómenos o cosas fuera de lo común, estrafalarios, imposibles, prohibidos incluso. Y aunque algo hay de eso, hay que afinar un poco más. El esoterismo es la transmisión de algún secreto o de alguna verdad a través de la palabra hablada. Pero esa transmisión se efectúa en medios restringidos, herméticos porque se trata de información apta sólo para iniciados. De ahí, por un lado, esa falsa imagen a la que aludía y, por otro, esa fascinación que ejerce sobre muchas personas, entre las que me incluyo.

‘El Triángulo Secreto' trata sobre la posible existencia de un hermano gemelo de Jesucristo, llamado Tomás, que justamente en hebreo significa gemelo, una teoría bastante conocida entre iniciados. Pero aún hay más: ¿se imaginan ustedes qué efecto podría causar esta revelación en el Mundo? ¿Continuaría siendo el papel de la Iglesia Católica el mismo? ¿Qué consecuencias tendría este descubrimiento en el Dogma? Éstas son sólo algunas de las múltiples preguntas que nos podemos formular. Y es la base sobre la que se sustenta el cómic.

Sobre el hermano gemelo de Jesús, el conocido escritor Javier Sierra publicó un artículo en el mes de agosto de 2006 en el diario El Mundo, donde destaca que en el famoso cuadro de Leonardo da Vinci, ‘La Virgen de las Rocas', el pintor toscano retrató a la Virgen con dos niños. Tradicionalmente, se ha considerado que eran el propio Jesús y Juan el Bautista. Sin embargo, Sierra señala que a quienes le encargaron ese trabajo en 1483, los hermanos De Predis, frailes de la Orden de San Francisco, no les satisfizo el cuadro porque a los personajes les faltaba un cierto halo divino. Introduciendo pequeñas modificaciones, Leonardo realizó una segunda versión del cuadro y, recientemente, se ha sabido que también pintó una tercera. ¿Por qué tres intentos? Javier Sierra piensa que tal vez el artista se inspiró no en fuentes bíblicas sino en alguna otra para realizar su obra. Pietro Marani, codirector del equipo de restauradores de ‘La Ultima Cena', indicó que Leonardo se inspiró en un texto semiherético, escrito por Joâo Mendes da Silva, llamado también Amadeo de Portugal, lo que explicaría esa carencia de "divinidad". El propio Sierra añade en su artículo que los dos niños del cuadro se parecen mucho. Tal vez fuesen hermanos, tal vez fuesen gemelos. Bien esto no es más que una teoría, un pensamiento, una posibilidad. Quizá un juego. Pero lo que es innegable es que constituye un interesante punto de partida para dedicarle un cómic de trescientas cincuenta páginas.

Claro que un cómic centrado únicamente sobre este asunto podría caer en el aburrimiento. Por eso, Didier Convard, el guionista, un apasionado del ocultismo y el esoterismo, ha urdido a su alrededor una guerra de logias masónicas, que se han transmitido a lo largo de más de dos mil años, el secreto del hermano gemelo, defendiéndolo a capa y espada. Con la vida, incluso. Por supuesto, el otro bando implicado, la Iglesia católica, anda enredando, controlando, actuando, defendiendo su status en suma. Y ya saben ustedes que el Vaticano en estos menesteres no se anda con muchas contemplaciones. A fin de cuentas son un estado más. Y no sólo espiritual, precisamente. Por ello cuentan con sus propias armas, su propio ejército y su propio servicio secreto. Este último realmente muy efectivo.

La acción de ‘El Triángulo Secreto' se desarrolla en Francia y su protagonista Didier Mosèle, un estudioso de lo esotérico, que pertenece a la Fundación Meyer, se verá involucrado en todo el proceso investigador hasta sus últimas consecuencias. Por supuesto, donde hay masones, habitualmente, suelen haber templarios. Y cátaros también. Aquí no podían faltar. Convard los introduce en la narración a través de hábiles flashbacks que retrotraen al lector a la Edad Media, al siglo XIX y a la vida del Nazareno, en los primeros años de la era cristiana. No sé si se debe a que la obra fue publicada por entregas o no, pero lo cierto, lo indiscutible es que en ningún momento decae el interés. No tiene altibajos. Lo percibimos precisamente ahora, cuando tenemos a nuestra alcance toda la obra completa. Llega un punto en el que el lector está completamente absorbido por la narración y tiene que leer el resto de un golpe, de un tirón, sin pausa. Lástima del diminuto tamaño de la letra. Los que calzamos gafas por culpa de esa enfermedad llamada presbicia, que tiene nombre de monja reprimida, tenemos auténticas dificultades para leer con comodidad todos los bocadillos y notas a pie de viñeta. Por cierto, son textos espléndidamente cuidados en su redacción.

El dibujo también es espléndido. Y fundamental. A la altura del guión. Con la cantidad de personajes que aparecen, los caracteres físicos están muy logrados y evitan posibles confusiones. Muchos momentos cumbres del ‘Triángulo' se desarrollan en ámbitos oscuros, nocturnos, en el reino de la penumbra. El matiz de los colores utilizados es simplemente perfecto y creo que es uno de los factores que más contribuye al interés de la obra. Igualmente, el toque eminentemente realista de exteriores e interiores, arropa coherentemente el entorno de la historia.

Mientras leía ‘El Triángulo Secreto' he tenido la impresión de que veía una película y de que no me podía mover de la butaca de la sala hasta que no concluyese la sesión. En fin, como reza la fórmula masónica que utilizan al comienzo de sus "tenidas" y que se repite en varias ocasiones a lo largo de la obra, "Puesto que es la hora y que tenemos la edad, iniciemos nuestros trabajos" que, traducida al mundo del aficionado al cómic, sería algo así como "Puesto que ya somos mayorcitos, no nos perdamos la lectura de este apasionante cómic". Yo ya no me la perderé. Ahora les toca a ustedes, mis improbables.

Herme Cerezo

‘El Triángulo Secreto' de Didier Convard, Gilles Chaillet, Denis Falque, Christian Gine, Pierre Wachs, André Juillard, Patrick Jusseaume, Jean, Eric Stalner y el colorista Paul. Ediciones Glenat; 350 páginas, 29 euros.

 Publicado en SIGLO XXI, 18/10/09

 

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

4 Octubre 2009

‘DIMAS' de Martín y Forniés: un buen guión, una buena traducción en viñetas.

¡Buff, buff! Astiberri, en su colección Sillón Orejero, ha publicado el cómic titulado ‘Dimas', obra del dibujante Sagar Forniés y del escritor, en este caso guionista, Andreu Martín. ‘Dimas' es género negro puro, y sórdido, en el que no queda espacio para las concesiones. El asunto va de trata de blancas, en concreto de mujeres rusas sin papeles, que son obligadas a prostituirse en algún punto de España, sospecho que Catalunya o algún lugar próximo, y en el que interviene la Guardia Civil. Un antiguo convicto, Dimas, que ya saldó sus cuentas con la ley y ha rehecho su vida casándose con Esther, con la que ha tenido un hijo, socorre a una mujer, Nadia, que portaba un niño en sus brazos y que hacía un angustioso autoestop en una carretera boscosa. A partir de este momento, Dimas se verá envuelto en un feo y sucio entramado, en el que un sujeto llamado Blay y un proxeneta, apodado Caralobo porque lleva tatuado un lobo en la frente, son los encargados de amargarle la vida. Por todo lo expuesto, ‘Dimas' es un cómic que cumple la mayor parte de los características requeridas para ser considerado género negro: corrupción, prostitución, disparos, emboscadas, chulos, ambientes marginales, denuncia de un problema real ...

Empezamos por el guionista, que es un consumado escritor de novela negra: Andreu Martín. Además de escribir series de televisión y numerosas novelas, la mayoría notables o sobresalientes, ‘Prótesis' sin ir más lejos, este escritor catalán se deja caer de vez en cuando por el mundo del cómic, aunque hacía quince años que no manejaba este registro. Y aquí, en este álbum, ha pergeñado un guión trepidante a la vez que tremendamente duro. En las novelas de Andreu Martín, y podemos considerar a ‘Dimas' otra más, los personajes se mueven con pocos escrúpulos. Hasta tal punto o hasta tal extremo llega la cosa que el lector, en ocasiones, puede llegar a plantearse si una barbaridad no es la mejor solución para determinadas situaciones que parecen no tener punto de retorno. Es decir, que una barbaridad puede ser un mal menor. Y algo de esto ocurre en ‘Dimas', un cómic en el que una vez destapada la caja de los truenos no hay dios, con minúscula, que se atreva a cerrarla. Son los propios acontecimientos los que conducen a una u otra orilla. Son los propios disparos los que abren unas puertas y cierran otras.

El dibujante, Sagar Forniés, aunque ya ha trabajado para el cómic, ‘Bajo la piel', procede del mundo de la publicidad. Y, oigan, mis improbables, la cosa se nota. La capacidad de Fornies para captar rápidamente la atención del lector es importante. No hay más que ver la primera página, una sola viñeta, por la que circula un coche con los faros encendidos, dejando atrás una espesa arboleda. Estos detalles, coche, luces encendidas, carretera y arboleda, contienen el escenario básico en el que se va a desarrollar el principio de la acción. Y el lector lo intuye rápidamente. Las siguientes viñetas no le van a defraudar, porque no son sino la constatación de que su intuición era acertada.

El trazo de Forniés es duro y grueso, perfectamente adecuado para el tipo de historia que nos va a contar a continuación. Igual que los tonos mayoritariamente rojizos, ocres y verdosos que la iluminan. Y ahora es cuando yo enlazo esto que les digo con los dos ¡Buff, buff! del principio de esta reseña. Y es que no es lo mismo leer una novela de Andreu Martín, imaginándose cada lector cómo son los protagonistas y los escenarios, que leer un guión de Andreu Martín tamizado por la visión de otra persona, en este caso de un dibujante. Ni mucho menos. Miren, mis improbables, Forniés creo que ha captado perfectamente el estilo de Andreu Martín, pero no nos ha ahorrado a los lectores ni un ápice de la dureza que esconden las viñetas del álbum. Creo que ‘Dimas' es un cómic fuerte, pero también de los más reales que he leído últimamente. Todos los personajes dibujados por Forniés y delimitados por Martín nos los podemos encontrar por las calles de cualquiera de nuestras ciudades. Y cualquiera de ellos puede ser lo que son en este cómic: unos miserables desalmados y muchos más calificativos, que prefiero omitir para no ensuciar la hoja.

En resumen, ‘Dimas' contiene un buen argumento y una estupenda traducción al lenguaje del tebeo. Ah, y con un final y principio simétricos: el cómic empieza y acaba con la misma viñeta y el mismo escenario. Pero entre estas dos páginas hay todo un mundo que, los buenos aficionados al género negro, ya sea en su versión novelística, cinematográfica o tebeística, no deben perderse. De verdad.

Herme Cerezo

Dimas' de Andreu Martín y Sagar Forniés. Ed. Astiberri, colección Sillón Orejero, mayo 2009. 148 páginas, 18 euros.

Publicado en SIGLO XXI, 6 de octubre de 2009

 

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

27 Septiembre 2009

El Cómic en los suplementos culturales.

El suplemento cultural ABCD, este último fin de semana de septiembre, publica su acostumbrada y quincenal doble página sobre el noveno arte. El artículo de fondo se titula 'Fantasmas en cielos asesinos' y está escrito por Ignacio Armada Manrique. Ignoro si, a partir de ahora, los cómics sólo apareceran una vez al mes y no dos, como hasta el momento presente.

Por su parte 'Babelia' (El País), dentro de la sección generalista y calificando el álbum de novela gráfica como pretexto, inserta una reseña de Guillermo Altares sobre el cómic 'Érase una vez ... Beirut' de Zeina Abirached, autora libanesa.

La semana que viene, ojalá, más.

El Kiosquero.


Tags: prensa, prensa

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

14 Septiembre 2009

‘Un pueblo blanco. El Bar del Barbudo' de Tomeu Pinya: un álbum amable y mediterráneo

Colgado de un barranco
duerme mi pueblo blanco,

Así comienza una de las canciones más célebres (y mediterráneas) de Joan Manuel Serrat. Luego sigue:

bajo un cielo que a fuerza
de no ver nunca el mar,
se olvidó de llorar.

Los dos primeros versos son los que comparte el álbum ‘Un pueblo blanco. El Bar del Barbudo' de Tomeu Pinya con la canción del cantautor del Poble Sec (otro pueblo más). Los últimos tres versos no son de aplicación, puesto que su Pueblo Blanco, el de Pinya, está orillado al mar, distribuido alrededor de un golfo de la costa catalana. Un pueblo pequeño, apacible, con pálidas noches de luna, y que tiene un bar: el Bar del Barbudo.

En mi juventud siempre pensé que los bares de pueblo, esos que estaban en la plaza principal (a un lado, el ayuntamiento; al otro, el colmado; enfrente, la iglesia parroquial; detrás, el cuartelillo de la guardia civil), poseían un papel muy importante en la vida social, ya que se desempeñaban como centros de convivencia y difusión de una cierta cultura. En los bares de entonces, en los de mi juventud, la gente jugaba al chamelo y a las cartas, trasegaba carajillos y fantas, leía el periódico de la capital de provincia, veía la tele y discutía de toros y fútbol (de política, no, de eso no se hablaba entonces, no estaba bien visto). Bien, pues, la versión moderna de uno de aquellos bares es la que ha elegido Tomeu Pinya como escenario donde colocar al Barbudo y su panda. Sí, porque Rafa, el Barbudo, parece el protagonista de ‘Un pueblo blanco', pero en realidad sólo es una excusa para articular este trabajo, porque ante nuestros ojos tenemos una obra coral por la que transcurre la vida de un grupo de personajes, cuyas historias vamos a conocer a medida que avancemos en su lectura.

Además del propietario del bar, el ya citado Rafa, los verdaderos protagonistas son los parroquianos, los que acuden a por el café con leche de la mañana y el cubata o la cerveza del atardecer. Y cada uno de ellos tiene una historia, pasada o presente, que contar. Incluido el protagonista, que también desarrolla la suya a lo largo del cómic. Por el Bar del Barbudo pasa todo dios: niños que encargan bocatas; un escritor a la búsqueda de la inspiración perdida - curiosamente escribe a máquina, no conoce los portátiles -; reporteras de prensa en tiempo de guerra, tipo Gerda Taro; un alemán al que todos respetan pero nadie acoge; un colombófilo que alimenta palomas porque son signo de normalidad para él y sus recuerdos; una jovencita poco agraciada y tímida; una cantautora de curvas generosas; un dibujante que no comprende el arte moderno; el vagabundo que se gana la cena contando historias cada jueves al anochecer ... Todo un mundo que se da cita en estas viñetas.

Rafa es un tipo culto, que gusta de coleccionar historias orales o en forma de libros y recomendarlas a sus conocidos. En este sentido, su local es un remedo de esos garitos que, afortunadamente, se están poniendo de moda en los últimos tiempos, donde además de los servicios tradicionales de comercio y de bebercio, se oferta cultura a sus clientes. En Valencia, en el barrio de Russafa hay ya un par de ellos: ‘Ubik' y ‘Cosecha roja', refugios seguros para tertulianos en horas de abulia, excelentes foros para presentar libros y cómics.

Los personajes del álbum son tipos corrientes, de la calle, como los que aparecen en los cuentos de Carver o Tobias Wolff. Podríamos tropezarnos con ellos y sus problemas en cualquier avenida o plaza de nuestras ciudades. Y están bien trazados, a pesar de lo dificultoso que pueda parecer dibujar los rasgos esenciales de todos ellos en tan solo noventa y cuatro páginas. Algunos entran y salen de las viñetas, otros prolongan su permanencia en ellas desde el principio hasta el final, porque su historia la dosifica Tomeu Pinya todo el tiempo. Y además sueñan, tienen pesadillas, imágenes de un pasado que les preocupa o sobrecoge, cuyas imágenes también vemos en estas páginas. Y lo curioso es que para cada personaje, el dibujante isleño plantea un estilo de dibujo diametralmente opuesto al que gobierna el cómic, como si quisiera mostrarnos su versatilidad en la imitación de estilos de otros autores.

El Bar del Barbudo, siguiendo con los símiles literarios, ofrece hospedaje, algo parecido a lo que ocurre en las novelas policiales de Francisco González Ledesma, donde su protagonista, el inspector Ricardo Méndez, vive realquilado al fondo de un bar de barrio, en un cuarto junto al pasillo donde se hacinan los cajones de cervezas y cocacolas.

El dibujo de Tomeu Pinya es en blanco y negro, con trazo suelto y limpio, aunque no plano, realzado por un espléndido manejo del rotulador gris, o del color gris, si prefieren, mis improbables, que prodiga manchas sobre las que descansan las sombras que permiten a los personajes cobrar el relieve adecuado. Los gestos, alegría, tristeza, melancolía, decepción, están trazados con sencillez pero no dejan lugar a la duda sobre el estado de ánimo de cada personaje en cada momento.

‘Un Pueblo Blanco' es uno de los álbumes más agradables que he leído últimamente. Y leer un cómic de este estilo de vez en cuando está bien, porque la amabilidad no está reñida con la calidad y hay que descansar de vez en cuando de cómics sesudos, historicistas, fantásticos o policiales. El género de la vida corriente tiene un espacio en el mundo del cómic, ya lo creo que sí. Tomeu Pinya lo demuestra con este trabajo plagado de referencias literarias, musicales y mediterráneas. 

Y por último, ya que comencé con unos versos de Serrat, terminaré con la letra de un tema del desaparecido grupo musical Gabinete Caligari que viene aquí a propósito:

Bares, qué lugares
Tan gratos para conversar
No hay como el calor del amor en un bar.

 Herme Cerezo


'Un Pueblo Blanco. El Bar del Barbudo' de Tomeu Pinya. Editorial Planeta, 2009. Tapa dura. Color blanco y negro. 94 páginas, 9,95 euros.

 Publicado en SIGLO XXI, 14 de septiembre de 2009

 

 

 

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

6 Septiembre 2009

‘El profesor Tragacanto y su clase, que es de espanto' de Martz Schmidt: algunas similitudes innegables.

El estupendo dibujante cartagenero Martz Schmidt, el mismo que me la pegó cuando de pequeño yo pensaba que era alemán, suizo o, cuanto menos centroeuropeo, no fue sólo el padre del Doctor Cataplasma, sino también de otro famoso personaje de tinta y papel: El profesor Tragacanto (y su clase, que es de espanto). Y ahora podemos recordar sus historietas gracias al álbum publicado por RBA recientemente.

Tragacanto dirige una escuela a la que acuden niños para incrementar su caudal de conocimientos, de sabiduría. La madre de uno de sus discípulos llegará a decir del profesor que "¡Es un sabio de los grandes, en pequeño!", clara alusión a la estatura del pedagogo, aunque emplear este vocablo en este caso sea excesivo. La escuela donde ejerce su magisterio es privada, o sea, de pago, y el protagonista del birrete negro con borla flotante se las ve y se las desea para mantenerla a flote con las mensualidades que percibe. "¡Si no me gano esas cinco mil del ala, me embargarán la escuela!", avisa en una viñeta. Algo que llama la atención, quizá una contradicción, es que, sin embargo, su sueldo se lo abonan a través de una ventanilla ministerial, un agujero semicircular parecido a la taquilla de un cine, por el que asoma el rostro del pagador. De ahí su continuo empeño por escalar posiciones en el escalafón académico.

Los métodos pedagógicos del profesor son bastante peculiares. Además de colocar a su alumno preferido, Vicentito Fenelón, subido al estrado, aposentado a su diestra en una mesa especial para empollones rotulada con las palabras ‘Podium del prodigio' y ‘Lumbrera', adopta formas poco ortodoxas a la hora de enviar a los alumnos al recreo: "¡Portero! ... Van a salir los críos! ¡Prepara la escoba!" Y el portero, "el holgazán de Petronio" en palabras del togado, un tipo grandote que no se sabe bien si está demasiado gordo o es que la ropa le viene estrecha, empuja a los niños al patio a escobazos, como si los barriera. Por cierto, cuando el bedel los ve en manada, les llama "la marabunta".

La vida en la escuela se rige por una filosofía propia. Tragacanto, que se cultiva intensamente en todos los campos del saber, o eso intenta, parte de la premisa que todos sus alumnos excepto uno, el citado Fenelón, son unos zoquetes. Especialmente Jaimito Buitrago, paradigma del niño vago, gamberro, fumador e ignorante. Lo cual le lleva a elevar sus cotas de exigencia académica sin resultados aparentes. Por eso, de vez en cuando, les sorprende con controles imprevistos, "Hoy, para empezar, sufrirán un examen", que encorajinan a todos y sólo divierten al empollón Vicente. Obsérvese el empleo del verbo sufrir en lugar de harán o cualquier otro sinónimo.

Además del asunto pecuniario, que le trae de cabeza, la otra bestia parda del profesor y su escuela es el inspector. "Estoy preocupado. Hoy vendrá el señor inspector a hacer el examen mensual a mis discípulos. ¡Y están todos besugos!" Al inspector, en este caso prueba de un nivel social superior, las chaquetas le oprimen la panza, sujetas por el botón central. Calza sombrero y acarrea portafolios que denotan la jerarquía de su cometido funcionarial. Aunque no es tan malo como parece, a los ojos del lector se muestra como un severo cumplidor de la ley y un fiel vigilante del escalafón magisteril, otra de las obsesiones de Tragacanto como ya dije antes.

Pero el profesor también rivaliza con sus colegas. En este caso con doña Petronila, "la maestra de enfrente", su homónima entre la grey femenina, señal evidente de la existencia en aquellos años de escuelas diferenciadas por sexos: profesora, la sempiterna "señorita", para las niñas, y profesor para los niños.

Físicamente, Tragacanto es un calco del Doctor Cataplasma con quien comparte viñeta en ocasiones. Si confrontamos ambos rostros, podemos observar que las únicas diferencias estriban en los sombreros y los cabellos de uno y otro. Es la misma cara con indumentaria cambiada, adaptada a los medios en los que se desenvuelven. Pero todavía podemos encontrar más similitudes innegables. Si Cataplasma se muestra preocupado por la salud de la vieja acaudalada doña Millonetis, Tragacanto, trata con especial interés a su equivalente en el terreno escolar: la "pastosa" doña Dineritis. Y Panchita, la fámula de Cataplasma, es la réplica de Petronio, el bedel del profesor. De todos modos, estas coincidencias, benditas y bienvenidas sean, no empañan un ápice el estupendo trabajo creativo de Schmidt.

Para concluir, quiero resaltar la importancia que tiene la recuperación de las historietas de Bruguera, este trabajo casi arqueológico que viene efectuando la editorial RBA a través de esta colección de Clásicos del Humor, dirigida, a mi entender, magistralmente, por Antoni Guiral, cuyos comentarios introductorios no tienen desperdicio ya que aúnan análisis sociológico, anecdotario jugoso y ficha sinóptica de cada personaje. Una labor encomiable que mejora con cada nuevo álbum. ¡A perseverar!

 Herme Cerezo

‘El profesor Tragacanto' de Martz Schmidt; Editorial RBA, 2009; tapa dura, color y bitono. Precio: 9,95 euros.

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo

7 Agosto 2009

‘El arte de volar' de Antonio Altarriba y Kim: un álbum inapelable y demoledor, un candidato al Premio Nacional de Cómic 2009

Tremendo. ‘El arte de volar' es un cómic que no va a pasar desapercibido. Un trabajo inapelable y demoledor por lo menos, se lo aseguro. Aunque no es el primer álbum construido con datos reales, estamos ante una biografía recubierta por el andamiaje de la ficción gráfica, ya que sus autores, Antonio Altarriba, escritor, y Kim, dibujante, escogieron el noveno arte como vehículo de expresión.

Según cuenta en el prólogo el crítico e historiador Antonio Marín, Antonio Altarriba concibió este álbum a partir del hallazgo de más de doscientas cincuenta hojas manuscritas por su padre en las que relataba su vida. Antonio Altarriba padre se suicidó en 2001, arrojándose al vacío como un pájaro sin alas (y sin ganas de tenerlas). De ahí arranca el título y el cómic. Aunque Altarriba hijo poseía suficientes conocimientos sobre su padre,"lo que sé de él no es por haberlo oído o leído ... lo que sé de su vida es porque, como he dicho, yo estaba en él o, quizá, era con él ... y ahora, una vez muerto, él está en mí. Así que puedo contar su vida con la verdad de sus testimonios y la emoción de una sangre que aún corre por mis venas", estas cuartillas tuvieron la virtud de ofrecerle la posibilidad de profundizar todavía más en su universo interior, un mundo ciertamente amargo, con el que malvivió durante noventa años. Dicho así parece fácil, pero noventa años de condena son una losa difícil de soportar.

‘El arte de volar' comienza en el momento clave: cuando Antonio Altarriba se suicida. Es el final al principio, pero ese final, precisamente, es el que desencadena el relato posterior ya que todo lo que se cuenta se articula sobre esta estructura. Dividido en cuatro partes, cada una de sus carátulas incluyen, piso a piso, de arriba abajo, las secuencias de la caída al vacío del protagonista.

Los primeros años de la vida de Antonio Altarriba ya son especialmente duros allá en su pueblo, Peñaflor, donde la vida transcurre entre arado y arado, siembra y siembra, siega y siega, Altarriba trabajará la tierra en penosas condiciones y contra sus deseos, encerrando su voluntad, reprimiendo sus continuos anhelos de cambiar de vida. Sus fugas, frustradas, para escapar del autoritarismo desmedido y cruel de su ancestro, conocer otros mundos y vivir en la ciudad, irán horadando en el ánimo del protagonista una sensación de derrota agrandada por el peso de los años. Pero la tensión vital de Antonio todavía se incrementará mucho más. La Guerra Civil y la II Guerra Mundial terminarán por hundir su ánimo en la miseria más execrable. Las ilusiones al garete; la tristeza y la barbarie al poder. Las penurias de la guerra civil que Altarriba intentará combatir como mejor sabe (conduciendo un Hispano Suiza en el que transportará el correo - "cartas de sufrimientos y penurias, pero, sobre todo, de amor ... hay muchos besos y muchos abrazos en ellas ..." -, recogerá heridos más adelante, como si se tratase de una ambulancia, o acarreará compañeros en camiones hacia el frente), unidas a su estancia en un campo de refugiados en Francia, casi tan horrible como los campos nazis de exterminio, se convertirán en implacables lastres para su vida. Pero todo lo superará aunque pague un altísimo peaje por ello. Antonio Altarriba es un auténtico superviviente, un luchador a veces involuntario por la pervivencia en este planeta. ‘El arte de volar' es una prueba fehaciente más de la trascendencia de la Guerra Civil entre los españoles, una vivencia que ha envenenado los traumas de varias generaciones, sazonada con la barbarie que siguió en la posguerra.

No es la primera vez, ni mucho menos, que el tema se trata en el cómic. Obras como ‘Eloy' o ‘Río Manzanares' de Antonio Hernández Palacios o ‘36-39 Malos tiempos' de Carlos Jiménez o la recientemente galardonada en el pasado Salón del Cómic de Barcelona, ‘Las serpientes ciegas' de Hernández y Seguí, también nos han hablado de los horrores y entresijos de la contienda. Sin embargo, ‘El arte de volar' añade matices propios, como la convivencia diaria entre los integrantes de la Centuria Francia o la evolución de la lucha, de la euforia a la decepción y al desasosiego incierto por la inminente derrota. Y sobre todo añade la desesperanza, no sólo en tiempos de guerra sino también después, en la posguerra, en el tiempo del estraperlo. Todo está corrupto, comprado, vendido, sin magia, amargo, triste ... y lo que es peor: a ambos lados de la frontera pirenaica. Pero no crean que ‘El arte de volar' corresponde a la visión desesperada de un suicida depresivo (les recuerdo que el protagonista se suicidó a los 90 años, en el cómic y en la vida real). No, todo lo contrario. Se trata de una visión real, que en algún momento de la vida asalta a una buena parte de los mortales que poblamos el planeta, una perspectiva innegable, crítica, ácida, verdadera...Y sobretodo lúcida. Nada es lo que parece, todo es mentira. Y ambas cosas, verdad y mentira, tienen precio.

Sin embargo, en un álbum tan cuidado con una calidad literaria de los textos más que notable, hay algo que llama la atención. Y por partida doble. En uno de los regresos de Antonio Altarriba a su pueblo, Peñaflor, antes de alistarse a la fuerza en las tropas nacionales, durante unas viñetas se nos pinta a un antiguo amigo del protagonista, un tal Damián, como una auténtica bestia parda de la guardia civil. Controla hasta tal extremo la situación del pueblo, que las vidas de sus habitantes dependen casi de su capricho. Ha mandado fusilar a cuantos desafectos al régimen golpista se han puesto a su alcance y a él mismo no le tiembla el dedo para apretar el gatillo, si la oportunidad lo requiere. Curiosamente, Altarriba elude la ferocidad controladora del picoleto con absoluta facilidad. Es como si el guardia, en realidad, fuese un completo imbécil, todo serrín, en vez del tipo astuto y feroz que se nos anunció antes. Poco después se repite la historia, pero en el otro bando. Cuando Antonio consigue cruzar el territorio que separa las trincheras, ese predio gobernado únicamente por las balas de todos, y pasarse al bando rojo, es sorprendentemente bien acogido por los miembros de la Centuria Francia ya citada anteriormente, un batallón organizado de aquella manera y cuyos miembros pertenecen a la CNT. En plena guerra, en el filo de una batalla, cuando alguien cambiaba de mando, lo primero que se le hacía era interrogarle para averiguar que no era un traidor, un quintacolumnista, de esos que tanto daño hicieron en la retaguardia republicana. Y lo más probable es que anduviera muy cerca de los pelotones de fusilamiento, de ambos lados, claro. Pero en este caso, los cenetistas se comportan como auténticas hermanitas de la caridad, receptivos hacia Antonio, cuando es conocida la belicosidad de la CNT durante la Guerra Civil. En pocas palabras, es como si los anarquistas y Damián, el severo guardia civil de Peñaflor, de repente hubieran sido poseídos por el mismo grado de idiotez humanista.

El capítulo amoroso, pleno del idealismo del protagonista, no puede ser más deprimente. Una tras otra, todas sus ilusiones se ven rotas, aunque ello no sea sino la continuación de sus fracasos en todos los campos de la vida. Los golpes morales se suceden sin demora. Las insatisfacciones, la sensación de hastío, la derrota, como muy bien reza en las primeras páginas del libro, se acumularon a lo largo del tiempo. Y el protagonista, con muchos arrestos, buscando una segunda oportunidad, consiguió aplazar la decisión final mucho tiempo: "mi padre tardó 90 años en caer de la cuarta planta". Un esfuerzo supremo por la supervivencia, por la esperanza, por el advenimiento de tiempos mejores, que parecieron llegar con el nacimiento de su hijo. Pero nada más, sólo lo parecieron.

Con todo lo ya expuesto, sin embargo, la parte más rica y menos manida es la última. Los sueños de un ahora sí depresivo Antonio Altarriba, ingresado en un sanatorio psiquiátrico, la historia del topo, los miedos y las angustias que sufre, el resumen de su pasado cuyos protagonistas llegarán a erigirse en los propios jueces de su existencia, me parecen sencillamente soberbios. Traducir las ensoñaciones, lápiz en ristre, no parece tarea fácil. Sin embargo, Quim lo borda y cada una de las viñetas es fiel testimonio de la mente del bueno y hastiado Antonio. Magistral la escena del tribunal, magistral su liberación, magistral su decisión final, plena de valentía y libre albedrío. Y es que la vida de Altarriba, es una continua frustración, una acumulación de amarguras, de fracasos, de decepciones ... Todo real, como la vida misma de la que, sin duda, emergen.

El dibujo de Quim (Joaquim Aubert i Puig Arnau) me parece sencillamente sobresaliente. Son numerosísimas las pequeñas viñetas donde las figuras se abarrotan entre los cuatro márgenes, escenas multitudinarias, de manifestaciones o paradas militares, de verbenas y bailes, donde la minuciosidad del dibujante barcelonés alcanza cotas extraordinarias. Un auténtico derroche de detalles y de expresividad. También resulta tremendamente adecuada la utilización del blanco y negro en lugar del color. La vida y los recuerdos de muchos españoles de aquellos años, quizá a fuerza de NO-DOS, son blancos y negros, complementados algunas veces con el gris, el gris que teñía el cielo patrio de tupidas nubes que ocultaban un futuro que se asomaba incierto hasta tal punto, como sienten los personajes que desfilan por ‘El arte de volar', que muchos pedían la muerte antes que seguir vivos, rodeados de miseria, hambre y enfermedades. Vida que no era vida sino muerte en vida. Saben, una de las cosas de las que más me alegro es que jamás leí ni una historieta de ‘Martínez, el Facha', un personaje que este dibujante de ‘El Jueves' viene publicando desde hace más de treinta años. Y no me alegro porque crea que es un personaje irrelevante, sino porque esta circunstancia me ha permitido acercarme a ‘El arte de volar' carente de prejuicios. Miren por donde, por una vez, la ignorancia sí ha servido para algo.

De los textos y el guión de Antonio Altarriba hijo, ya he comentado algo. El álbum no te engancha, te arrebata, te hace suyo hasta el final. Y los textos muy bien perfilados y trabajados, con una espléndida selección de vocabulario. En ‘El arte de volar' se conjugan más que nunca imagen y escritura, la esencia del cómic.

Ah, una última advertencia, y esto no es censura: menores abstenerse. Antonio Martín ya lo señala en su prólogo: "esta obra se dirige deliberada y definitivamente, de forma exclusiva, a un público maduro mentalmente, a unos lectores que no leen por simple entretenimiento, con una historia que tiene la dimensión y la textura de una novela". Yo quisiera ir todavía un poco más lejos: el Premio Nacional de Cómic 2009 no puede perder de vista ‘El arte de volar'. Primero por la categoría indiscutible de la obra y segundo, porque es una buena oportunidad de cerrar cicatrices que todavía siguen demasiado abiertas. Amén.

Herme Cerezo

‘El arte de volar'. Antonio Altarriba - Kim; Edicions de Ponent, mayo 2009; 208 páginas, 22 euros.

(Publicado en SIGLO XXI, el 10 de agosto de 2009)

servido por elkioscodedolan sin comentarios compártelo


Sobre mí

El KIOSCO DE DOLAN nació para la difusión del mundo de la historieta que, afortunadamente, cada vez goza de mayor aceptación. El nombre, fácil es intuirlo, proviene de Eustache P. Dolan, el comisario de Central City, jefe de Spirit y padre de Ellen, su novia eterna. EL KIOSCO sólo pretende rendir justo homenaje a los personajes secundarios de los tebeos, no siempre bien valorados, pero sin cuyo concurso muchas tramas se vendrían abajo. Los copyrights de los textos son míos y se pueden usar citando la fuente de procedencia. Los de las imágenes son de sus autores y las utilizo exclusivamente con fines divulgativos. Espero que en lugar de molestarse por ello, comprendan mi buena intención. A 27 de diciembre del año de Nuestro Señor 2007. _________________________________________________________________________________

"EL PERRO FALDERO" de Herme Cerezo


"El perro faldero" se publicó en marzo de 2003 por Brosquil Edicions de Valencia. Comprende 21 relatos, un prólogo y un epílogo. No hay ni una sola línea argumental que los una. Unos son relatos de registro policial, otros de humor, humor negro, y alguno de ellos asoma sus morros por la literatura fantástica. Image Hosted by ImageShack.us
Copio aquí lo que reza su contraportada para que conozcan qué tipos de criaturas se pueden tropezar por sus paginas:


"Por el tiempo urbano de 'El perro faldero' deambulan ladrones mágicos, terroristas con manos de tahúr, sicarios educados, eternos aprendices del golpe perfecto, administrativos iluminados, ejecutivos de corte impecable, inmobiliarias sin escrúpulos, mujeres impacientes, camellos de guante blanco, solitarias divas, atracadores acosados por la incredulidad, psicópatas de costumbres cosmética, heteiras sin futuro y con pasado, leyendas de los mares, perros delatores, familias sorpresivamente tradicionales, pistoleros racistas, policía cautelosos, antropófagos involuntarios, refinados carteristas ... "


Editado por Brosquil. Para solicitar un ejemplar, clicar aquí.

_________________________________________________________________________________ _________________________________________________________________________________

Fotos

elkioscodedolan todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera