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Categoría: RESEÑAS

26 Mayo 2011

‘Mortadelo y Filemón' de Francisco Ibáñez. Edición especial Coleccionista (Signo Editores). Todo un lujo.

Corría el año 1958 cuando en el tebeo ‘Pulgarcito' comenzó a publicarse la serie que más éxito, sin duda ninguna, ha alcanzado en la historia del cómic español. A finales de 1957, su creador, Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) que, durante muchos años fue empleado de banca, presentó a los responsables de Editorial Bruguera una serie de bocetos pensados para una nueva historieta que se proponía poner en marcha: ‘Mortadelo y Filemón. Agencia de Información'. Tras varios tiras y aflojas, propuestas y contrapropuestas, dimes y diretes, se perfilaron definitivamente los rasgos de los personajes que intervendrían en la misma. Se trataba de una pareja de detectives, que constituía un remake de Sherlock Holmes y el Dr. Watson, nacidos ambos de la pluma del escritor británico Sir Arthur Conan Doyle. Filemón, que fumaba una cachimba, se perfilaba con un sombrerito ridículo, pajarita y chaqueta. Su subordinado, Mortadelo, vestía de negro riguroso y utilizaba un sombrero tipo bombín pero mucho más alargado. De su interior, Mortadelo extraería los disfraces que iría vistiendo en función de lo que las circunstancias requiriesen. Como detectives, formaban una pareja de sabuesos muy sui generis, ya que su manera de resolver los casos, si es que así puede decirse, era fortuita, torpe y tosca. En ocasiones, la última viñeta se reservaba para que Filemón persiguiese a Mortadelo y le arrojase todo tipo de objetos que vinieran al caso, ya que como buen jefe siempre achacaba los fracasos profesionales a su ayudante.

A lo largo de sus cincuenta años de existencia, el aspecto físico de las dos criaturas ha evolucionado, sin que ello implique envejecimiento. Filemón perdió la cachimba y el sombrerito; su pantalón y su chaqueta se transformaron en un traje de color rojo; y su nariz, bastante prolongada en origen, se acortó considerablemente. Mortadelo, por su parte, ratificó el color negro de su indumentaria y dejó de utilizar el bombín como baúl de disfraces. El cambio de vestimenta, si el guión lo requería, se efectuaba de modo automático, sin más preámbulos. Había que ganar espacio y dotar de mayor dinamismo a la serie.

Mortadelo y Filemón se abrieron paso, imparables, en las publicaciones de Bruguera. Fue un avance constante y seguro, y pronto, sus aventuras, tal vez debería escribir desventuras, se esparcieron por otra revista de la misma editorial: el ‘Tío Vivo'. En el año 1969, apareció su primer álbum, titulado: ‘El sulfato atómico'. En él, los dos personajes, ya no son autónomos - su Agencia de Información ha desaparecido - y se presentan como los dos agentes "más perspicaces" de la T.I.A. una organización de máxima seguridad nacional, cuyas siglas responden a Técnicos de Investigación Aeroterráquea. Surgen también ahora los personajes secundarios, como Vicente, el Superintendente, y el Doctor Bacterio, un científico chapucero, que darán mucho juego a nuestros héroes a partir de este instante. Más adelante se les sumará Ofelia, la secretaria del Súper. La publicación de las sucesivas entregas (‘Chapeau el Esmirriau', ‘El caso del bacalao', ‘Safari callejero', etcétera) no hará sino incrementar la popularidad de estos agentes secretos y su presencia resultará ya imprescindible en la mayoría de publicaciones de Bruguera a las que, frecuentemente, prestarán su propio nombre: ‘Mortadelo', ‘Gran Mortadelo', ‘Gran Pulgarcito', ‘Súper Mortadelo', ‘Mortadelo Gigante', ‘Mortadelo Extra' y ‘Bruguelandia'. Después llegó la edición en el extranjero (en Alemania consiguieron vender más ejemplares que los galos Astérix y Obélix) y su salto a la gran pantalla, pasando por el mundo publicitario, el de los espectáculos musicales y el de los juegos para ordenador.

¿Dónde ha podido radicar el éxito de esta pareja? Indudablemente en tres puntos esenciales. De un lado, la enorme capacidad de trabajo de Francisco Ibáñez, dispuesto a entregar, si era menester, hasta veinte páginas distintas cada semana, mientras otros colegas dibujaban seis u ocho, que ya era mucho. De otro, la indudable facilidad del dibujante catalán para pergeñar gags sin reposo, uno tras otro. Cada nuevo recuadro, cada esquina de una viñeta constituyen invitaciones tácitas a la carcajada del lector. Y, finalmente, la ductilidad de los personajes para adaptarse a distintas épocas y desarrollarlas humorística y gráficamente.

Sin embargo, tan fructífera y exitosa carrera, no se ha visto suficientemente reconocida en forma de premios. Una circunstancia inexplicable. En toda su trayectoria, Ibáñez o Mortadelo y Filemón, sólo han sido galardonados en dos ocasiones: la primera, en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, año 1994, y la segunda en el año 2002, cuando se les otorgó el premio del Mérito a las Bellas Artes. Por supuesto, tan cortos galardones no van a enturbiar un ápice la ejemplar trayectoria de la serie, porque a fin de cuentas, como ha declarado recientemente el propio autor, lo que importa es el reconocimiento del público, "esa gente amabilísima que me trae los álbumes para que se los firme. Los otros premios me tienen sin cuidado". Sin duda, Mortadelo y Filemón es un rotundo triunfo del boca a oreja.

Precisamente ahora que su creador ha cumplido los setenta y cinco años y sus criaturas más de cincuenta, Signo Editores acaba de sacar al mercado una edición especial para coleccionistas que consta de diez volúmenes y más de tres mil páginas en total, un auténtico dispendio de color y calidad de imagen. La colección arranca desde los primeros tiempos de Mortadelo y Filemón, hasta los actuales, pasando por las historietas de una página, las de doble página, los álbumes y las mejores portadas de las publicaciones que albergaron sus correrías. La edición, que es numerada, incluye en cada volumen comentarios, extensos y detallados, de Antoni Guiral, el historiador del cómic español que mejor conoce, sin duda, la idiosincrasia y la trayectoria de Editorial Bruguera y de todos los artistas que en ella trabajaron. Los volúmenes se distribuyen del siguiente modo: Tomo 1: La evolución de Mortadelo y Filemón' (recopilación de historietas publicadas entre 1958 y 1969); Tomo 2: ‘Las primeras aventuras largas' (la aparición de los álbumes); Tomo 3: ‘Entre villanos e inventos enloquecedores' (Mortadelo y Filemón en el mundo de la mafia criminal); Tomo 4: ‘Mundiales de Fútbol' (Los agentes de la T.I.A. en las Olimpiadas y los Campeonatos Mundiales de Fútbol); Tomo 5: ‘Un éxito que cruza fronteras' (Mortadelo y Filemón en países extranjeros); Tomo 6: ‘Adaptándose a la actualidad' (la realidad social y política de España reflejada en Mortadelo y Filemón); Tomo 7: ‘En el Libro Guinness de los disfraces' (historietas donde la versatilidad para el camuflaje de Mortadelo queda bien patente); Tomo 8: ‘Mortadelo y Filemón en la intimidad' (aspectos poco conocidos de nuestros héroes); Tomo 9: ‘En un lugar del a Mancha' (una muy particular visión de Don Quijote de la Mancha. Incluye un repaso crítico a la especulación inmobiliaria); y Tomo 10: ‘Las mejores portadas' (antología de las portadas realizadas por Ibáñez y que tienen a Mortadelo y Filemón como protagonistas). La colección, que se presenta en un cofre rotulado con viñetas de los personajes, incluye fichas técnicas documentales y textos destacados, así como diez posters con las claves gráficas de la serie. Cada volumen está encuadernado en tapa dura y con sobrecubierta desplegable. Sin duda es la edición más lujosa y cuidada de Mortadelo y Filemón aparecida hasta la fecha. No admite parangón.

Que la disfruten, mis improbables.

Herme Cerezo

‘Mortadelo y Filemón'. Edición Coleccionista. Signo Editores, abril, 2011. 10 volúmenes encuadernados con tapa dura; 3000 páginas a todo color.

Publicado en SIGLO XXI, el 27 de mayo de 2011.

 

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10 Mayo 2011

Dublinés' de Alfonso Zapico. El lenguaje del cómic puesto al servicio de una biografía impecable.

¡Qué lejos quedan! Sí, qué lejos quedan las biografías, edulcoradas y amaneradas, que durante los años sesenta leíamos en los tebeos de la mexicana editorial Novaro. ¡Y qué distintas! Recuerdo perfectamente aquellas ‘Vidas ejemplares' en las que voluntariosos dibujantes y guionistas - no me viene a la memoria sus nombres y no quiero investigarlos tampoco - nos hablaban de las gestas heroicas de El Cid Campeador o de los esfuerzos evangelizadores de Fray Junípero Serra o de la vileza de todos los nobles - innobles, más bien- que rodeaban la figura, cristiana figura por cierto, de Wenceslao, rey de  Bohemia, que cayó asesinado a manos de su hermano Boleslao.

Cito todos estos retazos de cabeza, tras la lectura de la magnífica biografía del escritor irlandés, James Joyce, que, bajo el título de ‘Dublinés' (Ed. Astiberri), acaba de publicar Alfonso Zapico (Blimea, 1981), después de pasar un tiempo recluido en la Maison des Auteurs de Angoulème, donde ha continuado puliéndose como dibujante de tebeos, de cómics o de novelas gráficas. O de todo a la vez.

Zapico ha construido una biografía que se lee como si fuera un tebeo, ¿qué otra cosa es sino?  Ha conseguido perfilar un Joyce coherente, verdadero y verosímil, sin duda real pero también legendario. Las 229 páginas del volumen se devoran en un rato, un rato largo, claro, y a través de ellas podemos construir una imagen, bastante poliédrica, de James Joyce que debe aproximarse muy mucho a la realidad. Para ello, el autor asturiano ha utilizado un dibujo que, sin dejar de ser caricaturesco, infunde la suficiente credibilidad como para inspirar confianza en el lector. ‘Dublinés' es un magnífico ejemplo de la validez del lenguaje del cómic para crear biografías sólidas e impecables. La vida del irlandés discurre linealmente a lo largo de la historia, salpicada en algunos tramos por las minibiografías de aquellos personajes - amigos, políticos o escritores -, que rodearon al autor del ‘Ulyses' durante su existencia. La presencia de estas minibiografías, lejos de romper el ritmo narrativo, lo refuerzan y garantizan al lector la fácil comprensión de las siguientes viñetas, al tiempo que dan vida y relieve a las extravagancias y peculiaridades del biografiado. Vendría a ser algo parecido a un ‘Dramatis personae' intercalado a mitad del relato. Sin estos personajes secundarios, ‘Dublinés' sería otra cosa o, tal vez, no sería.

Mediante la utilización de todos estos recursos, Zapico consigue mostrarnos a las claras la compleja personalidad de Joyce que, en algunos momentos, recuerda al comportamiento de uno de los genios de la historieta hispana, el gran Vázquez por sus prontos irreductibles. El irlandés aúna en su persona las ansias por triunfar, la posesión de un acerado espíritu crítico hacia los escritores irlandeses de su época, su calidad como autor y su innegable tendencia a las francachelas, salpicadas de alcohol y mujeres. Y todo esto lo ha podido narrar el joven dibujante asturiano, haciendo gala de la suficiente habilidad para adentrarse en su psicología y mostrarnos, por momentos, las distintas "virtudes" de este poliédrico personaje de la literatura universal: obstinación, desprecio, alcoholismo, inconformismo, amor-desamor, egocentrismo, amor filial, lealtad con sus amigos, profundas rencillas con sus enemigos, disputas con sus editores...

El lenguaje gráfico utilizado por Alfonso Zapico alterna las viñetas minuciosamente detallistas, sin perder nunca su sello, con otras más simples, sin fondo, igualmente efectivas. Estas últimas traen a la memoria de quien esto escribe algunos dibujos del argentino Quino. También resulta de gran interés la reproducción, hecha con su puño y pluma, de algunos retratos célebres del escritor irlandés que Zapico incorpora a la narración. Sin olvidar tampoco, el derroche de imágenes contenidas en el cómic, lo que invita a pensar en un intenso trabajo documentalista para localizar auténticos escenarios de época.

Desde sus dos primeros álbumes editados en España, ‘Café Budapest' y ‘La guerra del profesor Bertenev', la evolución de Alfonso Zapico es obvia, inminente e innegable. Cada libro suyo incrementa la complejidad del anterior. Y, en este sentido, ‘Dublinés, como ya he dicho, ha requerido, sin duda, un enorme trabajo de documentación sobre James Joyce, que se plasma en la calidad de los textos y en la ambientación que envuelve a los personajes una viñeta tras otra. No cabe duda tampoco de que afirmar que el género histórico parece hecho a la medida de este narrador gráfico asturiano es una gran verdad. Si en sus obras anteriores, Zapico  se había planteado conflictos como las relaciones entre judíos y palestinos o la Guerra de Crimea mezcladas con historias de amor, en este ‘Dublinés' ha entrado de lleno en el terreno puro y duro de la historia sin fabulación, en la realidad documentada, en la biografía que aludía al principio. No hay personajes de ficción en esta novela gráfica - ¿se le puede llamar así después de todo lo escrito hasta aquí? - todos son auténticos. Y despertar de su tumba mucho tiempo después a tantos tipos ilustres, conocidos y sobre todo reales, para ingresarlos en el papel a golpe de tinta y lápiz no es tarea baladí, sino laboriosa. Mucho esfuerzo, muchas horas de lectura hay debajo - detrás, más bien - de todas las imágenes contenidas en las 245 páginas de este ‘Dublinés'. El fruto, desde luego, ha merecido la pena. Que lo disfruten, mis improbables.

Herme Cerezo

‘Dublinés' de Alfonso Zapico; Ed. Astiberri, abril 2011; 229 páginas, tapa dura, bitono, 18 euros.

Publicado en SIGLO XXI el 10 de mayo de 2011.

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8 Abril 2011

‘Reanimator’ de Florent Calvez: “Correcta adaptación del cuento de H. P. Lovecraft”

Editado por PlanetaDeAgostini, llega a España ahora ‘Reanimator’, adaptación del cuento titulado ‘Herbert West, Reanimador’ del escritor estadounidense H.P. Lovecraft, uno de los maestros del género de terror. El relato trata de las inquietudes del doctor West, quien, con la colaboración de un colega y mediante la utilización de un suero de su cosecha, intenta reanimar algunos cadáveres de reciente defunción. Sin embargo, esta idea en principio interesante y humanitaria derivará en obsesión y West comenzará a ver en los seres humanos que le rodean posibles candidatos a probar su suero, reduciéndolos al concepto de meras cobayas. A lo largo del relato, West alternará esta actividad “investigadora” con el ejercicio de la medicina como cirujano, primero, en una consulta privada instalada en el pueblo de Bolton, junto a un campamento minero, donde los accidentes laborales y las peleas ilegales de boxeo son frecuentes, y después, en Europa, enrolado como médico militar en los ejércitos que combaten en la I Guerra Mundial.

Por supuesto, ante semejante planteamiento, el ambiente en el que va a discurrir la historia es obvio y típico del género: casas solitarias, lóbregos sótanos, experimentos crepusculares, cuerpos mutilados, cadáveres robados, disecciones furtivas, etcétera. A medida que avanza la acción, West se nos revela como un tipo cada vez con menores escrúpulos, obsesionado con la misión que se ha trazado para sí mismo y para la ciencia.

Estructuralmente, lo primero que llama la atención es la ausencia casi total de bocadillos, algo completamente justificado si nos molestamos en comprobar que en el texto original tampoco existen diálogos que justifiquen su presencia. El ayudante de West asume la voz narradora y, gracias a él, descubrimos todo el horror que encierran estos experimentos “resucitadores”. En este sentido y forzado por la estructura original ya aludida, ‘Terminator’ guardaría una cierta similitud con aquellos primeros tebeos en los que el dibujo simplemente servía como ilustración a la acción explicada al pie de cada viñeta. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que el trabajo ilustrativo de Florent Calvez es muy dinámico y no se contenta con complementar las descripciones de la voz narradora, sino que cobra entidad propia y lleva la mayor parte del peso del relato.

El dibujo utilizado por Calvez para ‘Terminator’ es abocetado, casi una sucesión de apuntes, de rayas paralelas, en ocasiones rematados y en otras no. Sin embargo, Calvez al escoger tonos parduzcos, mezcla de verde y marrón para todas y cada una de las viñetas, ha conseguido otorgar realce a las escenas dotándolas del patetismo que el cuento de Lovecraft merece. En este sentido, la gama cromática rima perfectamente con el recuerdo (blanco, negro, gris, marrón, sepia), que nuestras mentes cinematográficas puedan referenciar con relación a la época en la que se desarrolla la acción. Otra pista más que indica la calidad del artista es la maestría con la que traza los edificios de época, modelos típicamente americanos, al igual que las ciudades sobre las que pergeña la historia.

El texto original de ‘Herbert West, Reanimador’ apenas si alcanza las treinta y siete páginas de extensión, al menos en la traducción castellana que he utilizado para contrastar (‘Narrativa completa. Vol I. H.P. Lovecraft’. Ed. Valdemar, 2006), sin embargo la adaptación al cómic de Calvez llega a las 120. Y aunque el final ha sido variado en el álbum, el sentido del cuento no se altera en absoluto. El dibujante no ha obviado ningún detalle y, tal vez, su final sea más lógico que el que diseñó en su momento el propio autor estadounidense.

En resumen, correcta adaptación de la obra de Lovecraft con un dibujo más que apropiado para la ocasión. ‘Reanimator’ es un entretenido divertimento para los amantes del género de terror que, por ende, no decepcionará al puro y simple aficionado al cómic.

Herme Cerezo

‘Reanimator’ de Florent Calvez Ed. PlanetaDeAgostini, 2011 Tapa dura, color, 120 páginas, 12,95 €.

Publicado en SIGLO XXI, el 8 de abril de 2011.

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27 Marzo 2011

'Dublinés', el nuevo álbum de Alfonso Zapico

Llevaba mucho tiempo Alfonso Zapico recluido en la Maison des Auteurs de Angoulême preparando algo. Ese algo, según comunica la editorial Astiberri en su web, se llama 'Dublinés', un acercamiento del dibujante asturiano a la obra del escritor James Joyce, autor de la celebérrima 'Ulises'. El álbum saldrá a la venta el próximo 1 de abril. De momento aquí va la portada, todo un delirio gráfico, y, para los impacientes, se pueden ver las primeras 20 páginas del álbum dentro del artículo de prensa publicado en 'El País' el pasado día 25 de marzo de 2011

También anuncia la editorial que Alfonso Zapico promocionará la obra durante los meses de abril a junio por buena parte de España. Ojalá recale por el Mediterráneo y podamos entrevistarle para este blog.

¡Que los dioses nos sean propicios!

El Kiosquero.

 

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6 Marzo 2011

‘Todo 36-39. Malos tiempos' de Carlos Giménez. La Guerra Civil del Pueblo dibujada.

La edición ‘Todo 36-39. Malos tiempos' de Carlos Giménez, llevada a cabo por Random House Mondadori en su colección Debolsillo, ofrece la oportunidad de dar una segunda lectura a esta obra genial del dibujante madrileño, publicada en cuatro álbumes separados a lo largo de 2007, 2008 y 2009, en los que nos presentó su visión de la Guerra Civil Española. Una visión, como él mismo dice en el prólogo, objetiva pero no neutral, porque Giménez, con pleno derecho, quiso tomar partido en todas y cada una de sus historietas desde que comenzó su carrera de dibujante de tebeos.

Estos álbumes supusieron un impacto importante en el panorama tebeístico español, como en su momento lo fueron otras obras suyas (‘España Una', ‘España Grande', ‘España Libre', ‘Barrio', ‘Paracuellos', ‘Hom' o ‘Los profesionales'). Pocas veces se ha tratado el tema de la Guerra Civil con tanta crudeza, veracidad y extensión como en el trabajo de Giménez. Y es que el dibujante madrileño, huyendo de la historia de los grandes hechos, de los grandes héroes, de las gloriosas hazañas, bélicas, por supuesto, se centró en el retrato de las clases más populares y humildes, aquellas que sufrieron en sus propias carnes todo el rigor, intensidad, horror y crueldad de la guerra. Sí porque dos ideas quedan claras en estos álbumes, ahora refundidos en un solo volumen: la idea de la dureza y la idea del hambre. Pocos españoles hoy en día seríamos capaces de soportar una situación tan dura como la que vivieron nuestros antepasados en el periodo 1936-1936. Acostumbrados a eso que llaman el "estado del bienestar" que, como nadie lo remedie, pronto devendrá en el "estado del malestar", a los españolitos de 2011 nos cuesta mucho imaginarnos cómo fueron aquellos años de bombardeos, miseria, escasez, estrecheces, enfermedad, venganzas, fusilamientos, prohibiciones, represión, muertes y ... hambre. El hambre atacó a todos por igual. Adultos y niños la padecieron, se debilitaron por la falta del alimento indispensable para sobrevivir, contrajeron enfermedades simplemente leves que, ante la endeblez de sus organismos, se transformaron a menudo en mortales. Muchos quedaron en el camino y otros lograron sobrevivir en un ejercicio de resistencia verdaderamente heroico. La historieta del gato Sito, triste, cruel, irremediable y humana, es buena prueba de ello. Del hambre sufrida, digo. Desde que la leí la primera vez que se publicó, no he podido olvidarla ni apartarla de mi mente. Y, lo más triste de todo, es que seguro que fue cierta.

Pero lo mejor de esta reedición, que seguro que a Carlos Giménez le reportará bastantes menos ingresos de los que merece por su trabajo, es la calidad de la impresión (cuatro viñetas por página, a buen tamaño, con claridad en los textos para los lectores présbicos, entre los que me cuento) y la nueva visión que obtenemos gracias a su relectura. Sí, porque al estar todo agrupado en un solo volumen, ‘Todo 36-39. Malos tiempos' adquiere dimensión de novela gráfica y eso nos proporciona una concepción global, evolutiva, de los acontecimientos, algo que no sucede con las "entregas a plazos", aún a riesgo, como así ocurre, de que algunos textos aclaratorios se tornen reiterativos porque provienen de la estructura anterior. Gracias a esta visión de conjunto, asistimos a los inicios de la contienda, a los ardores republicanos, a las primeras ejecuciones de los nacionales, a la escasez, al trueque, a los bombardeos, a las delaciones, a la entrada de las tropas franquistas en Madrid y al inicio de las represalias. Es decir, asistimos a todo como espectadores de una película terrible.

Y una vez más, como ocurriera con ‘Paracuellos', la presencia de los niños en esta obra es fundamental. Gracias al personaje de Marcelinito, que se mueve como gato panza arriba entre los escombros de la guerra, sus hermanas y sus amigos, podemos observar el desarrollo de una vida cotidiana en penuria y comprobar como los niños fueron capaces de distraerse y jugar incluso con la contemplación de los cadáveres de los defensores de la capital de España, hacinados y abandonados en las trincheras de la Ciudad Universitaria.

Acabo aquí, pero no puedo olvidar las figuras de la madre y el padre, Lucía y Marcelino, que son importantísimas, sin desdeñar el coro de vecinos, de falangistas, de milicianos, del propio paisaje desolador del Madrid bombardeado, de los curas, de los tenderos ... Si hace tres décadas, Carlos Giménez fue el testigo de la Transición a través de centenares de sus historietas, ahora se ha convertido en el fiel transmisor de todo lo que le contaron sus amigos, vecinos y familiares sobre la Guerra Civil. En este sentido, podemos afirmar que Giménez ha dibujado la Guerra Civil del Pueblo, que fue quien se encontró en el centro de todo, soportando los desmanes de ambos bandos, especialmente, los del ejército vencedor. Y es que, aunque el dibujante madrileño afirme que su visión de la guerra no es neutral, aunque maldiga a quienes iniciaron el conflicto, verdaderos causantes de todo desastre, en el fondo creo que ha sido mucho más neutral de lo que él supone. Sus esfuerzos, como también señala en el prólogo, le ha costado.

Herme Cerezo

‘Todo 36-39, Malos tiempos' de Carlos Giménez; Random House Mondadori; Edición Bolsillo, febrero 2010;Págs. 378 páginas; precio 14,95 euros.

Publicado en SIGLO XXI, 7 de marzo de 2011.

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27 Febrero 2011

‘By Vázquez. 80 años del nacimiento de un mito’ de Antoni Guiral: un excelente e imprescindible trabajo.

Antoni Guiral es, sin duda, una de las personas que más sabe de cómics en el estado español. Y, también sin duda, el que más ha trabajado los entresijos de aquel emporio comercial que significó la Editorial Bruguera desde los años cincuenta en adelante. Bruguera facilitó el entretenimiento a miles de niños españoles, entre los que me cuento, que seguíamos las aventuras de sus personajes más famosos: Carpanta, Zipi y Zape, Petra, Gordito Relleno, Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, Anacleto, Las hermanas Gilda, Carioco, 13 Rue del Percebe, el Profesor Tragacanto, Pepe el Hincha, Sir Tim O’Theo y tantos otros más.

De un tiempo a esta parte, afortunadamente, y gracias a la actividad desarrollada por Guiral, la sociedad española parece que está saldando una parte de la deuda que, sin saberlo, contrajo en su día con Bruguera y todos sus dibujantes (Vázquez, Escobar, Peñarroya, Conti, Ibáñez, Cifre, Schmitz, Segura, Raf, etcétera), que nos ayudaron a sobrellevar con un humor, aparentemente infantil, los años de la posguerra que, a la postre y tras la muerte del dictador, desembocaron en la democracia que somos hoy. Sin su existencia, es posible que todo se hubiera desarrollado igual y también es posible que no. Nunca lo sabremos. Especular no es el objetivo de la Historia. Pero lo que resulta indudable es que aquel puñado de genios de la pluma y el guión, a través de sus peripecias, ayudaron a conformar un espíritu crítico, aunque soterrado, para comprender mejor la época que nos tocó vivir. Porque, debajo de aquellos trazos, de aquellos tebeos, de aquellas viñetas, de aquellos bocadillos, de aquellos personajes, se escondía un profundo análisis de la realidad española que no siempre la censura, inquisitorial y torticera, pudo silenciar.

Precisamente de uno de aquellos genios es de lo que se ocupa Antoni Guiral en su libro ‘By Vázquez. 80 años del nacimiento de un mito’, publicado por Ediciones B, en el que el investigador e historiador catalán analiza con profundidad y rigor la obra de este dibujante. Manuel Vázquez Gallego, nacido en Madrid (1930) y fallecido en Barcelona (1995) se afincó pronto en la ciudad condal, donde desarrolló su carrera hasta el momento de su muerte. Y digo hasta el momento de su muerte, porque Manuel Vázquez no dejó nunca de dibujar hasta que la parca, envidiosa y en forma de embolia, vino a llevárselo de este mundo para que pudiera dibujar historietas en el otro.

La figura de Manuel Vázquez últimamente se ha puesto de moda. La película ‘El gran Vázquez’, dirigida por Óscar Aibar y protagonizada por Santiago Segura, ha contribuido de modo notable a ello. Sin embargo, creo que este libro de Antoni Guiral del que les hablo hoy, mis improbables, es el que mejor define quién fue Vázquez como persona y como dibujante de tebeos. Precisamente por lo que leemos en ‘By Vázquez’ podemos concretar que el dibujante madrileño fue un tipo singular, problemático en su tiempo que, sin duda carente de los afectos propios de una infancia más tradicional, transitó por la vida sin demasiados escrúpulos. Como diría Joaquín Sabina en una de sus canciones: “Si la vida se deja, yo le meto mano” y eso es lo que hizo Vázquez, meterle mano hasta donde pudo o hasta donde la vida se dejó, que viene a ser parecido.

Desde el punto de vista artístico, Vázquez fue un dibujante innovador, que no sólo se introdujo físicamente en algunas de sus historietas, como el propio Josep Escobar hacía también en las suyas, sino que creo su propia leyenda y su propio personaje, al que caracterizó como el eterno deudor. Y algo de ello debía ser cierto porque uno de los personajes de ’13 Rue del Percebe’, en concreto el moroso de la azotea, está inspirado directamente en él. Ante aquella puerta infranqueable, semana tras semana, y mientras un gato malvado torturaba y aterrorizaba a un perro plácidamente idiota, se agolpaban los acreedores sin ver jamás un duro. La galería de personajes creada por Vázquez es inagotable. No se pueden citar aquí todos. Bastan unos cuantos: Anacleto, Las Hermanas Gilda, Angelito -¡Gu-gu!-, La Familia Cebolleta, La Abuelita Paz …. Con la llegada de la democracia y ante la crisis económica de Bruguera, que terminaría con la desaparición de la empresa editorial, Vázquez comenzó a cultivar el cómic para adultos, publicando historietas para varias revistas y periódicos: El Papus, El Observador, Makoki, El País….. Hasta que, como decía líneas atrás, falleció víctima de una embolia.

Antoni Guiral cuenta todo lo anterior y mucho más, de un modo muy detallado, con un verbo fluido y entretenido. Tiene la virtud de que, además de la excelente selección gráfica (multitud de historietas y portadas, faceta la de portadista en la que Vázquez destacó poderosamente, ilustra el libro), mezcla lo que nos cuenta con declaraciones del propio dibujante, de los que fueron sus jefes y de sus hijos, con lo cual el lector se puede hacer una idea más que aproximada del carácter y la personalidad de este singular dibujante-protagonista que, al final de sus días, fue un poco víctima de su propia leyenda, puesto que todo el mundo esperaba alguna genialidad suya en cuantos actos tomaba parte. El único problema del libro, ¡bendito problema!, es que lo devoramos con rapidez y cuando pasamos la última página y cerramos la contraportada, nos damos cuenta que Guiral ha conseguido azuzar nuestra curiosidad y nuestro deseo de saber más cosas sobre el dibujante madrileño y sobre su época en general. En este sentido ‘By Vázquez’, por lo mucho que nos da, sabe a poco. Pero ya se conoce la manida frase de Baltasar Gracián que aquí es de aplicación: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”.

En resumen, que para leer sobre cómics, a veces como en este caso, es interesante, imprescindible diría yo, sumergirse en los entresijos de la vida de dibujantes y guionistas, de editoriales y publicaciones. Y eso es lo que ha hecho Antoni Guiral con ‘By Vázquez. 80 años del nacimiento de un mito’: sumergirse él y sumergirnos a nosotros, los ávidos lectores de tebeos de toda la vida que no teníamos ni idea de lo que se cocía entre bambalinas mientras leíamos inocentemente una historieta tras otra.

Herme Cerezo

‘By Vázquez. 80 años del nacimiento de un mito’ de Antoni Guiral; Ediciones B, 2010; tapa dura, color; 176 páginas; precio: 25 euros.

Publicado en SIGLO XXI, 28 de febrero de 2011

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16 Enero 2011

‘Gil Pupila. El integral. Vol 4' de Tillieux y Gos: Un clásico espléndido.

No sé que andaría haciendo yo allá por los años 70, todavía sin afeitar y estudiando bachilleres, sin leer la revista francesa ‘Spirou'. Y eso que tenía un amigo, Pedro Carrasco, no el boxeador sino otra persona con el mismo nombre, que era asiduo lector de la publicación francobelga. Probablemente su afinidad con el idioma galo le indujese a frecuentar este tipo de tebeos en lugar de otros  más propios del terruño o, simplemente, le gustase esa publicación y sus personajes, que sería la causa más probable. Fuese cual fuese el motivo, yo no la leí entonces. Y lo bien cierto es que la reedición a cargo de PlanetaDeAgostini de la integral de los álbumes de Gil Pupila me ha venido muy bien para perseverar en esa aventura, que he iniciado hace poco, de recuperar el tiempo pasado en la medida de lo posible. Los años, mis improbables lectores, no perdonan. Y, a veces, la nostalgia gasta malas pasadas (o buenas, como en este caso).

‘Gil Pupila. El integral. Vol 4' es un tomo que recoge las cuatro últimas aventuras de este atrevido e indespeinable detective privado francés. La peculiaridad de esta entrega final radica en que Tillieux no es el dibujante de los tres primeros títulos (‘Diamantes a granel', ‘Gil Pupila contra los fantasmas' y ‘Tras la pista de un 33 revoluciones'), pero sí el guionista. Sus múltiples obligaciones profesionales le impedían hacer el trabajo completo, pero él no deseaba, en modo alguno, que Gil Pupila (Gil Jourdan en el original, un nombre mucho más atractivo en mi opinión) dejase de publicarse. Así que la opción escogida para prolongar su existencia, algo que ocurre frecuentemente en la vida real también, fue la intermedia: Tillieux escribiría los guiones y otro dibujante, en este caso Gos (Roland Goossens), dibujaría las viñetas. Para ello, el padre de la criatura únicamente puso una condición: "Cuidado, Gil Pupila, Libélula, Corrusco y Cerecita tienen que ser excelentes, pero si hay un pequeño error, no voy a comerte  por eso. Para el resto, haz lo que quieras". Gos venía de dibujar ‘Los Pitufos', colaborando en dicha serie con Peyo, y, por lo tanto, procedía de un tipo de tebeo muy distinto, destinado a un público más infantil. Su trazo estaba acostumbrado a pergeñar enanos azules, animalitos, flores, árboles y bosques. Pasar del campo al ámbito urbano y plasmar en viñetas edificios, calles, coches, motocicletas, trenes o barcos y lanchas no dejaba de suponer un reto. Gos realizó muchísimos bocetos de aproximación, especialmente sobre automóviles. Pero, visto el resultado en este volumen, creo que la calificación mínima que se merece es la de sobresaliente, ya que el apartado gráfico de la serie no se resiente lo más mínimo, a pesar del perfeccionismo al que tenía acostumbrados a sus seguidores Maurice Tillieux.

Pero hay algo más. No sé si, precisamente por ello, al desembarazarse Tillieux de la parte ilustrativa y centrarse en los guiones, la calidad de estos es excelente, especialmente por su dinamismo, y, con relación a otros álbumes anteriores, los gags de humor son mejores, más espontáneos y vitales, más inspirados. Algunos de ellos llegan a provocar algo más que una sonrisa y no resulta extraño, en algún instante, verse obligado a cerrar el álbum para carcajearse libremente, no sólo porque el propio dibujo, en sí mismo, se torna humorístico, sino también por los diálogos. En una viñeta de ‘Gil Pupila contra los fantasmas', Libélula llega a burlarse del propio final del episodio y dice: "Si fuera guionista, nunca me atrevería a enchufarle a la gente semejante historia". Y es que no podemos olvidar que el humor es un ingrediente inherente al género policiaco y que ‘Gil Pupila' es cómic policiaco y del bueno.

Pensarán ustedes, mis improbables, que me estoy olvidando del último título, ‘Entre dos aguas', y no es así. Lo que ocurre es que este cuarto álbum es muy especial ya que Tillieux, después de las tres experiencias anteriores como guionista, decidió retomar toda la obra por sí mismo y comenzó a preparar la nueva entrega que, a la postre, cerraría la serie. Cuando llevaba escritas y dibujadas 17 paginas, en un viaje automovilístico sufrió un accidente que le costó la vida. Gos, sin conocer el final que tenía previsto su maestro, asumió el trabajo ya iniciado para concluirlo. Sin embargo, en apenas cinco páginas cerró la aventura, de un modo bastante abrupto y, sobre todo, precipitado, como él mismo reconoció en su momento.

‘Gil Pupila. El integral. Vol. 4' contiene, igual que los tres tomos precedentes una extensa y cuidada introducción, aliñada con un importante material gráfico (fotografías, portadas, bocetos y caricaturas), en la que se explican los pormenores que rodearon la publicación de cada una de las aventuras. Al final, se incluyen algunas historietas cortas, que Tillieux y Gos publicaban en medio de sus álbumes para apagar la sed de sus seguidores, así como algo poco usual en el medio comiquero: varios cuentos breves, protagonizados por Gil Pupila y sus amigos, ilustrados simplemente con una sola imagen. En este sentido, podríamos hablar de que Gil Pupila dio un paso adelante al transformar el cómic en literatura, algo poco frecuente ya que lo habitual suele ser lo contrario.

Una de las fotos que contiene este volumen muestra a Tillieux delante del escaparate de una de las librerías parisinas míticas en el mundo del cómic: la librería Dupuis en el boulevard de Saint Germain. El boulevard de Saint Germain fue visitado por quien esto escribe, a comienzos de la década de los 80, con menos dinero que ilusiones, a la búsqueda de cómics inexistentes en estos pagos y que desconocíamos por completo si alguna vez se publicarían en España. Recuerdo que, en francés por supuesto, conseguí ‘La isla del tesoro' de Stevenson en versión de Hugo Pratt, así como ‘La foire aux immortels', ‘La ville qui n'existait pas' o ‘La phalange de l'ordre noir', todos ellos de Pierre Christin y Enki Bilal. O tempora, o mores!

Herme Cerezo

‘Gil Pupila. El integral". Volumen 4; Autor: Tillieux y Gos; Editorial PlanetaDeAgostini, 2010; Tapa dura, color, 240 páginas; Precio: 23 euros. 

Publicado en SIGLO XXI, 17/01/2011

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9 Enero 2011

‘El Teniente Negro' de Silver Kane y José Grau: recuperando el tiempo pasado.

‘El Teniente Negro' es un cómic que adopta el esquema clásico del trío masculino protagonista (el propio Teniente Negro; Rikky, el impulsivo jovencito; Ursus, el grandote - sin duda tomó su nombre de su homónimo de la novela ‘Quo vadis?' de Henryk Sienkiewicz -), acompañado por la heroína de turno (Leonor, en esta ocasión). Este esqueleto básico, probablemente importado de ‘El Capitán Trueno' (Trueno, Crispín, Goliat y Sigrid) o quizá de ‘El Guerrero del Antifaz' con un protagonista menos (El Guerrero, Fernando y Ana María), se repetiría frecuentemente en otros cómics de Bruguera aunque con matices: ‘El Sheriff King' (King, Dandy Evans, Gordo y Cinthia), ‘El Jabato' (Jabato, Taurus, Fideo y Claudia) o ‘El Corsario de Hierro' (El Corsario, Mack Meck, Merlíni y Bianca d'Orsini o la Capitana Dagas). Y realmente siempre terminaba por dar buen juego con el lector, porque en todos los casos estos héroes venían acompañados de los tradicionales malvados (Tenebris, Sinaú de Esmirna, Turjan Pacha, Lord Bemburry, entre otros muchos), seres infernales a los que se infringen derrotas parciales, pero a los que nunca se les termina de ganar la guerra. ¿El criminal nunca gana?

El planteamiento inicial de ‘El Teniente Negro' juega a las contradicciones: un nordista, que se tiñe la cara de maquillaje negro, ciertamente con una rapidez pasmosa, que es el doble de un acaudalado, atildado y ñoño pisaverde, Richard Blake (¡Toma ya apellido!, para que no queden dudas), e imparte justicia precisamente en territorio sudista en plena Guerra de Secesión. Como señaló en su momento Salvador Vázquez de Parga en su libro ‘Los cómics del franquismo' (Planeta, 1980), este tebeo pertenece a ese grupo de cómics en los que se ensalzaba la figura del superhéroe, entendiendo por tal a "un superhombre que reúne en su persona todas aquellas ideas, sentimientos y actitudes que el sistema trata de imbuir a sus ciudadanos, un dechado de perfección elevado sobre el nivel de los demás hombres por poseer en su plenitud un compendio de virtudes ideales que en los otros únicamente puede hallarse forma parcial o incompleta". Por supuesto, este modelo no conlleva poderes sobrenaturales al estilo de los superhéroes americanos, no sólo mal vistos por el franquismo sino también, en algunos casos, prohibidos por motivos religiosos. Estamos antes un tipo que sólo desde su humanidad potencia "al máximo sus facultades de hombre para llegar a ese grado superlativo que lo convertirá en un hombre nuevo, en un auténtico superhéroe". Este nordista teñido de negro es un sujeto que, llevado por su arrojo y hombría de bien - él representa la norma, la justicia, lo que debe ser -, no duda en repartir mamporros, destrozar mobiliarios o casas enteras y disparar cuantas veces sea preciso, no importan muertos ni daños colaterales.

‘El Teniente Negro' fue obra de dos autores españoles: el dibujante José Grau (Valencia, 1914-1998) y el guionista Silver Kane (alias Francisco González Ledesma, Barcelona, 1927), escritor represaliado y prohibido por el régimen tras ganar el Premio Internacional de novela Plaza&Janés con su obra ‘Sombras viejas', que le valió ser tachado de por vida como "rojo y pornógrafo". No deja de llamar mi atención la versatilidad de Silver Kane, capaz de escribir más de cuatrocientas novelas del Oeste, de guionizar varias series de cómics (‘El Inspector Dan' o ‘El mosquetero azul'), de ejercer de jurista en la propia editorial Bruguera, de constituirse en jefe de redacción del diario ‘La Vanguardia' y, con el advenimiento de la democracia, de recuperar su oficio de escritor, ahora ya en la superficie, exonerado de lacras, sin verse obligado a vivir ninguna doble vida y conquistando el Premio Planeta en 1984 con su novela ‘Crónica sentimental en rojo'. La de horas extras que debió invertir González Ledesma para sacar adelante a su familia. Con relación a su trabajo en ‘El Teniente Negro', nos encontramos con un guión bastante prototípico para este tipo de series. Los disparos, los pistoleros y las acciones heroicas se suceden una viñeta tras otra sin solución de continuidad, recurriendo en ocasiones a soluciones "mágicas", extraídas de la manga en el último instante, para permitir la supervivencia del protagonista (y de la serie, claro).

En la otra parte, en la gráfica, el dibujo de José Grau cumple su cometido con suficiencia aunque las perspectivas fallen a veces, las proporciones (cabeza de caballo/cabeza de jinete, por ejemplo) no sean siempre las más adecuadas y algunas posturas de los personajes guarden un equilibrio imposible (cuando algún malandrín pega patadas, el agresor está más próximo a la caída que el propio agredido). Grau, sin embargo, se manejó bien en las viñetas de las calles de Little River, en las sombras arquitectónicas, en las armas y las indumentarias. Sin excesivas florituras, consiguió normalmente los efectos buscados.

La serie de ‘El Teniente Negro' comenzó a publicarse en el año 1962, bajo formato de revista de doce páginas, y se prolongó durante treinta semanas. Grau fue siempre su dibujante, mientras que Silver Kane, a partir del número veinticuatro, fue sustituido por un tal Mark Gilbert, probablemente el seudónimo de algún escritor español del momento no identificado todavía. La presente reedición de la colección completa, que incluye un prólogo escrito por Hernán Migoya que no tiene desperdicio, a cargo de Ediciones Glénat S.L., constituye una magnífica oportunidad de recuperar aquella serie, aquellos personajes y aquellos años que ya pasaron.

Quizá, como dice Migoya, el ambiente que envuelve ‘El Teniente Negro' fuera un espejo, llevado al noveno arte, de lo que ocurría en la España de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, en los que la autoridad se ejercía con dureza, sin mano temblorosa, en nombre de Dios y del orden establecido. Quizá fuera una forma encubierta de denunciar esta situación o de agitar las mentes de los españoles de la época. O quizá no, y sólo constituyera un ejercicio de entretenimiento más. Lo cual, para los tiempos que corrían, tampoco venia nada mal.

Herme Cerezo

‘El Teniente Negro' de José Grau y Silver Kane. Tapa dura, 248 páginas en blanco y negro con reproducción de portadas en color. Ediciones Glénat S.L., año 2010. Precio: 19,95 €.

Publicado en SIGLO XXI, 10/01/2010

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Sobre mí

El KIOSCO DE DOLAN nació para la difusión del mundo de la historieta que, afortunadamente, cada vez goza de mayor aceptación. El nombre, fácil es intuirlo, proviene de Eustache P. Dolan, el comisario de Central City, jefe de Spirit y padre de Ellen, su novia eterna. EL KIOSCO sólo pretende rendir justo homenaje a los personajes secundarios de los tebeos, no siempre bien valorados, pero sin cuyo concurso muchas tramas se vendrían abajo. Los copyrights de los textos son míos y se pueden usar citando la fuente de procedencia. Los de las imágenes son de sus autores y las utilizo exclusivamente con fines divulgativos. Espero que en lugar de molestarse por ello, comprendan mi buena intención. A 27 de diciembre del año de Nuestro Señor 2007. _________________________________________________________________________________ Noviembre 2010 - Se presenta "Valencia Criminal", libro escrito por veinte autores policiales y en el que el Kiosquero ha publicado su relato titulado 'Cara de nadie'. Toda la información en esta página web
_________________________________________________________________________________ EL PERRO FALDERO - Herme Cerezo. Se publicó en marzo de 2003 en Brosquil Edicions de Valencia. Comprende 21 relatos, un prólogo y un epílogo. No hay ni una sola línea argumental que los una. Unos son relatos de registro policial, otros de humor, humor negro, y alguno de ellos asoma sus morros por la literatura fantástica. Por el tiempo urbano de 'El perro faldero' deambulan ladrones mágicos, terroristas con manos de tahúr, sicarios educados, eternos aprendices del golpe perfecto, administrativos iluminados, ejecutivos de corte impecable, inmobiliarias sin escrúpulos, mujeres impacientes, camellos de guante blanco, solitarias divas, atracadores acosados por la incredulidad, psicópatas de costumbres cosmética, heteiras sin futuro y con pasado, leyendas de los mares, perros delatores, familias sorpresivamente tradicionales, pistoleros racistas, policía cautelosos, antropófagos involuntarios, refinados carteristas... Image Hosted by ImageShack.us
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