El semanario cultural ABCD del periódico ABC, disculpen la cacofonía-redundancia, publicó el pasado sábado 31 de octubre, un artículo de Santiago García, titulado 'La palabra y el dibujo' sobre la adaptación del Génesis de la Biblia al lenguaje del cómic que ha efectuado Robert Crumb.
Es una auténtica lástima que este prestigioso semanario cultural se haya vuelto cicatero con el cómic. Justo ahora que parece que brilla un poco más que de costumbre, ya que durante los últimos tiempos publicaba un par de veces al mes este tipo de artículos, junto con alguna reseña de tebeos. Ahora, desde el pasado mes de septiembre la cosa parece haberse reducido a uno solo. En fin, ellos se lo pierden.
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En unas semanas que uno, por cuestiones laborales y escritoras, no se asoma a esta ventana sin fondo que es Internet, pasan cosas. Me entero por La cárcel de papel de que el escritor, y creo que director de cine, Vicente Molina Foix, ha publicado un artículo en la revista 'Tiempo' en el que deja bien claro su desprecio hacia el Cómic y sus autores, a los que tilda de "dibujante de monigotes", e incluso pone a caldo al Ministerio de Cultura por instituir el Premio Nacional de Cómic con la misma dotación económica que otorga a sus homónimos de novela, poesia o ensayo. Tampoco se olvida, el señor Molina Foix, de los medios de comunicación, que ocupan "páginas y páginas" dedicadas a los tebeos en sus apartados culturales. Cuando justamente ocurre lo contrario.
Los que quieran leer íntegramente su (de él) artículo, lo pueden encontrar en la web Cisne Negro, donde además se amplía la imagen con absoluta nitidez.
El Kiosque se va a limitar, como todo comentario a las palabras del Sr. Foix, a incluir aquí una frase que no está en El Quijote, aunque muchos creen que sí, y que pienso que viene al pelo: "Ladran luego cabalgamos".
Aunque también podría ser de aplicación esta otra: "Siempre es bueno que hablen de uno, aunque sea mal"-
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X-9. Hace ahora 30 años exactamente que Ediciones B. O. de Madrid publicó siete álbumes con las historietas de la serie norteamericana Agente Secreto X-9. Esta tira, de periodicidad diaria, fue guionizada por uno de los maestros del género negro: Dashiell Hammet, aunque parece probado que él sólo escribió personalmente la primera historia, ‘El Dominador', limitándose a guiar la mano de su sucesor en los siguientes guiones. Su sucesor no fue otro que Alex Raymond, el dibujante que inició la serie el 22 de enero de 1934, tras proclamarse vencedor en el concurso convocado al efecto.
X-9, el Agente Secreto, nació promovida por el King Features Syndicate para competir con otra serie policiaca de gran éxito por aquellos años: Dick Tracy, obra de Chester Gould, que venía publicándose en el Chicago Journal-Daily News desde 1931. X-9 no es sino una versión del género negro en cómic. El ‘hard boiled', como también llamaban a los relatos policiales, empezaba a despuntar en los EE. UU. al socaire de la Enmienda 18 de la Constitución, la misma que provocó la aparición de numerosas bandas de contrabandistas de alcohol para combatir la llamada Ley Seca. El magnate Hearst, propietario del King Feautres, no reparó en gastos y contrató, como ya se ha dicho, para los guiones a Dashiel Hammet, un famoso escritor que había triunfado plenamente con sus relatos publicados en las revistas pulp, en ‘Black Mask', concretamente.
X-9. Aunque constituyó todo un acierto la presencia de Alex Raymond en la serie, al principio existían dudas. Se trataba de un joven dibujante, con prometedor futuro y cierta experiencia, pero que todavía no era un consumado historietista. Y la cosa funcionó muy bien, al menos durante dos años, al término de los cuales Raymond abandonó la serie para dedicarse de lleno a las otras dos que llevaba entre manos: ‘Flash Gordon' y ‘Jungle Jim', dos clásicos también de enorme éxito.
X-9, el agente sin nombre hasta épocas posteriores, "Puede llamarme Dexter, no es mi nombre, pero así nos entenderemos", vive empecinado en la lucha contra el hampa tras el asesinato de su mujer e hija a manos de unos gángsters. No le teme a nadie. Es inflexible, duro y decidido. Está plenamente identificado con el prototipo del detective norteamericano. Sabido es que, mientras en Europa la novela negra usa y abusa del protagonista policial (comisarios, inspectores, picoletos y de la judicial), en Estados Unidos cobró una especial relevancia la figura del sabueso privado, cincuenta dólares al día más gastos, que nació al albur de todos estos relatos. Y Dexter no podía ser una excepción. Los demás detalles colaterales, que terminan de definir este prototipo literario, también se concitan aquí, porque el protagonista tiene ayudante, Cipriani; es individualista y sólo confía en sí mismo; mantiene una buena relación con el género femenino, mitad proteccionista, mitad sensual, y no termina de llevarse bien con los maderos, que más bien le molestan que otra cosa, aunque, curiosamente, no discuten sus órdenes si no que las acatan y cumplen a rajatabla.
X-9. La aparición de la serie en el diario vespertino Evening Journal de la cadena Hearst fue un rotundo éxito. A las tiras, por su tamaño y ubicación, se las diferenciaba claramente de las demás e incluso, "Puede llamarme Dexter' promovía un concurso semanal entre sus lectores, proponiéndoles un enigma policial que debían resolver.
X-9, "puede llamarme Dexter", es el condominio de la elegancia. Todos sus personajes, incluidos los más perversos y barrigudos, calzan americanas, pantalones, chaleco, camisa y corbata, cuya pulcritud y simetría sólo se trunca tras ciertos enfrentamientos a puñetazo limpio. Las rayas de los pantalones son impecables y los peinados, de ellos y de ellas, no tienen parangón: manda la gomina. Raymond estira a los hombres, mientras proporciona un innegable y sinuoso atractivo a las mujeres, a las que viste con ropajes prolongados, casi tubulares, que resaltan sus formas de modo ostensible. Ninguna de ellas presenta michelín alguno o celulitis que pueda afear sus caderas y muslos. Se pintan los labios y exhiben frentes despejadas. Algunas fuman con elegancia y urgencia, con urgencia de familia bien, por supuesto. Los hombres también abusan del tabaco. Siempre llevan puro, cigarrillo o pipa en la mano o entre los labios.
X-9, "puede llamarme Dexter", presenta los mismos escenarios que podemos contemplar en las películas de blanco y negro de la época: mansiones señoriales, atendidas por mayordomos y criadas; parterres frondosos pero cuidados; barcos elegantes; amplias avenidas bien delimitadas por trazos perfectos; impolutos automóviles de marca, brillantes, veloces; edificios de líneas rectas; ventanas acortinadas en serie ... En su dibujo, Raymond abusó poco de los primeros planos, aunque haberlos haylos. Lo suyo era la perspectiva, la imagen lejana, la composición de conjunto.
X-9, "puede llamarme Dexter", es un
a serie de obligada lectura porque aúna las virtudes del cómic con la calidad del género negro. Hammet era un maestro, probablemente era EL MAESTRO, con permiso de Chandler. Si a la calidad de los guiones le añadimos sus diálogos tan característicos, irónicos, mentirosos, agresivos e incisivos, tenemos la garantía de una obra de primer orden. Pero aún hay más, ya que al ser de publicación diaria, guionista y dibujante debían de componérselas y llevar su ingenio al más alto nivel para mantener cautiva la atención del lector cada veinticuatro horas, de lunes a viernes, acabando en punta cada tira. Todo un gancho, toda una provocación para el lector asiduo; todo un reto para los autores. Sin embargo, esta técnica hoy, al leer las historietas completas y perdida la perspectiva del día a día, en algunos instantes puede pecar de una cierta redundancia. Pero sólo puede, especialmente si comprendemos el fin para el que fue concebida.
X-9, "puede llamarme Dexter", cumple también la ley de la sorpresa continua. Detrás de una situación aparentemente zanjada, siempre surgen complicaciones, nuevas opciones, imprevistas, personajes que no son lo que eran. A veces, los asuntos se amontonan y el narrador debe ir deshojando las capas del problema como si se tratase de una alcachofa. Es la fuerza del género negro. Y detrás de ello, como en todo buen cómic o roman policier (estoy pensando en González Ledesma, Simenon, Tardi-Malet y muchos otros), siempre está el pasado: como origen del presente, como origen del conflicto, como origen de la solución final.
X-9, que pudo llamarse Dexter, terminó llamándose Corrigan y trabajando para el FBI. Otros escritores, entre otros Leslie Charteris, Max Trell, alias Robert Storm, Archie Goodwin, y dibujantes, Charles Flanders, Austin Briggs, Mel Graff, Bob Lewis, Al Williamson y George Evans que ofició también de guionista), prolongaron su vida hasta el año 1996, justo cuando cumplía sesenta y dos años. Igual que ha ocurrido con la criatura de tinta y papel que precipitó su aparición, Dick Tracy, maníficamente reeditado a finales de 2008 por Norma Editorial, X-9, Agente Secreto Dexter o Agente Secreto Corrigan, se merecería una edición parecida. Ojalá.
Herme Cerezo
Publicado en SIGLO XXI el 25 de septiembre de 2009.
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Bajo este título, 'Héroes de papel', Álvaro Pons se descuelga con un magnífico reportaje en EL PAÍS SEMANAL de hoy, 2 de agosto de 2009, cuyo enlace ponemos aquí:
El texto, arropado por un montaje en imágenes sobre algunos héroes comiqueros llevados al cine, da un repaso a la historia del cómic desde sus inicios hasta nuestros días, en los que el noveno arte parece vivir un tiempo dorado largamente anhelado. Como el propio Pons señala "Quizá, por fin, el siglo XXI sea el de los tebeos".
Si me apetece destacar una de las múltiples calidades del articulo, ésta seria la de su oportunidad. En efecto, primer fin de semana de agosto, un reportaje divulgativo como el que nos ocupa, que consigue profundizar y analizar cómos y porqués del cómic, es una invitación a los lectores para que se acerquen el noveno arte. Las siestas veraniegas o las largas exposiciones al sol, ¡cuidado con las quemaduras!, son excelentes momentos para practicar la lectura de historietas, sólo o en compañía, antes o después de.
Desde luego si, tras su lectura, el presunto lector no se siente impelido a leer algún tebeo, ya no lo hará nunca. Y como justificación únicamente dispondrá de la conocida frase de Bartleby, el escribiente, triste personaje creado por el estadounidense Herman Melville: "Preferiría no hacerlo".
En fin, ya sólo me queda recomendarles encarecidamente su lectura. Aunque sean amantes compulsivos del cómic. O quizá, precisamente por eso.
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Luego dicen de Ibáñez. Observen esta imagen. Es una de las primeras viñetas de Mortadelo y Filemón. Por sus pintas no hay duda: van de investigadores por la vida. Si no supiéramos que esta pareja ya inmortal se dedicaban en cuerpo y alma a la investigación detectivesca, Ibáñez nos proporciona un montón de pistas para descubrirlo.
En primer lugar: Mortadelo rastrea algo en el periódico: una noticia interesante, sospechosa, engañosa, en la que, como buen sabueso, meter el hocico para husmear. Su mirada se concentra en ese preciso instante en las páginas del diario. En estos momentos no existe otra cosa para él. Miremos, ahora, a Filemón. Más de los mismo. Gorrito a lo Sherlock Holmes, una variante, claro; la pipa, que con los chupeteos interminables facilita la concentración; las arrugas de los ojos, inquisidoras ciertamente, con las que nos indica que está pensando, que lleva algo en la cabeza que le preocupa; y las manos en la espalda, esas mismas manos que tanto detectives de la literatura han colocado en esa posición mientras, con ínfulas deductivas, caminan ansiosamente por sus despachos, presos de una fiebre que les devora y los retrata con grave expresión.
Pero Ibáñez aún tiene tiempo de dar una pincelada de humor en esta escena de aparente gravedad: el paraguas de Mortadelo, colocado sobre una solapa, ¿conocen a alguien que lo lleve ahí?, y otro golpe de lápiz que aporta la idea de movimiento de la pareja: dos rayas junto a la suela del zapato izquierdo del mismo personaje son suficientes para decirnos que ambos caminan.
¿Se puede pedir más? ¿Se pueden dar más detalles y matices en sólo dos dibujos? Eso sólo un genio como Ibáñez puede hacelo.
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Luis Alberto de Cuenca, escritor, articulista y poeta, es también un reconocido aficionado al cómic. De vez en cuando, deja caer pequeñas píldoras en el suplemento cultural ABCD. Esto es lo que ocurrió el pasado día 18 de julio, cuando publicó su artículo 'Larga vida a la tira cómica'. En él, ademas de recordar el cincuentenario de Astérix, habla de Umberto Eco, de Tintín, de Popeye, del Príncipe valiente, en fin de unas cuantas cosas relacionadas con los tebeos.
Este es su enlace, por si les apetece echarle un vistazo:
http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=12276&sec=31&num=912
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En el suplemento cultural ABCD de hoy, 18 de julio de 2009, en su artículo ‘Estrategias para la inmortalidad’, el periodista Santiago García proporciona una de las claves para comprender algo que siempre me ha llamado la atención del mundo del cómic: la continuación de las historietas de un personaje a través de diferentes autores y guionistas. Dice García que “hablamos de series y personajes que son propiedad de empresas editoriales, no de autores individuales, por lo que es preciso señalar un curioso procedimiento de producción de obras colectivas en las que diferentes profesionales creativos se suceden a lo largo del tiempo a la vez que se va modulando con distintas voces, cada una de las cuales interpreta a su manera el libreto original. Esto se manifiesta en diversas estrategias que llevan a la inmortalidad a las criaturas de papel”. Según esta aseveración, la criatura de tinta y papel se va enriqueciendo con las aportaciones de múltiples artistas que, durante un tiempo determinado, los llevan de la mano hacia las páginas de las revistas, lo que además las convierte en obras colectivas. Eso evidentemente es cierto, pero no es menos cierto que probablemente eso desvirtúe el origen del personaje. A fin de cuentas, el protagonista de un cómic es producto de una mente humana. Y esa mente tiene, no sé si por desgracia o por suerte, últimamente esta segunda opción escala puestos en mi visión de las cosas, un principio y un fin. Tal vez haya que acudir a la explicación filial: el personaje es como un hijo de su creador. Y los hijos suelen trascender a los padres. Suelen.
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