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15 Noviembre 2009

Entrevista a Moebius en EL PAÍS.

Ando muy liado con muchas cosas relacionadas con el oficio de escribir, pero aún he tenido tiempo de hablar con mi amigo Nacho Marín, quien me ha comentado que el diario EL PAÍS de hoy, 15 de noviembre, publica una entrevista con Moebius. El periódico lo tenía en casa, pero ni siquiera lo he ojeado aún. Tal vez mañana.

El Kiosquero.

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5 Noviembre 2009

'Las serpientes ciegas' de Hernández Cava y Seguí, Premio Nacional de Cómic 2009.

Ya tenemos nuevo Premio Nacional de Cómic: 'Las serpientes ciegas' de Hernandez Cava y Seguí han conseguido este preciado galardón en su tercera edición (2007: Max; 2008: Paco Roca). Nada que objetar, todo lo contrario. Una magnífica historia, un estupendo - y muy adecuado dibujo - y un enfoque distinto de la de la Guerra Civil Española con un savoir noire suplementario. Este Kiosco ya se ocupó de 'Las serpientes ciegas' en su día.

Al repasar la noticia, en el jurado del Premio uno echa de menos al Carcelero y a algún otro ilustre entendido de los tebeos españoles. Pero esto no debe empañar el éxito del álbum. Enhorabuena Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí.

Tags: prensa

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5 Noviembre 2009

El ABCD rompe tradiciones ... por desgracia.

El semanario cultural ABCD del periódico ABC, disculpen la cacofonía-redundancia, publicó el pasado sábado 31 de octubre, un artículo de Santiago García, titulado 'La palabra y el dibujo' sobre la adaptación del Génesis de la Biblia al lenguaje del cómic que ha efectuado Robert Crumb.

Es una auténtica lástima que este prestigioso semanario cultural se haya vuelto cicatero con el cómic. Justo ahora que parece que brilla un poco más que de  costumbre, ya que durante los últimos tiempos publicaba un par de veces al mes este tipo de artículos, junto con alguna reseña de tebeos. Ahora, desde el pasado  mes de septiembre la cosa parece haberse reducido a uno solo. En fin, ellos se lo pierden.

El Kiosquero 

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3 Noviembre 2009

Conversación con Antonio Altarriba y Kim sobre ‘El arte de volar': un tebeo magistral.

Antonio Altarriba y Kim. Kim y Antonio Altarriba. Los tuve hace unos días sentados frente a mí, compartiendo botellas de agua, algún refresco y un chupito en la cafetería de la Universitat Vella de Valencia. Durante ese tiempo, que invertimos en hablar de ‘El arte de volar', su magistral tebeo editado por Edicions de Ponent, me sentí como un auténtico privilegiado. ‘El arte de volar', en mi modesta opinión el mejor cómic español publicado en lo que llevamos del año 2009, tiene el valor de la verdad, de la ficción asentada en hechos reales y adornada con los aditamentos indispensables para convertir una historia en una obra de arte. "Mi padre se suicidó el 4 de mayo de 2001. Nadie sabe cómo un hombre de su edad y en su estado pudo burlar los controles de vigilancia, subir hasta la cuarta planta, encaramarse a una ventana y arrojarse al vacío ... Yo sí sé cómo lo hizo... Soy el único que puede saber cómo lo hizo ... porque aunque no estaba allí, estaba en él..." De este modo comienza la voz narrativa a contarnos la existencia de Antonio Altarriba Lope, padre de uno de los dos autores, desde su infancia en el pueblo de Peñaflor hasta el fin de sus días en una residencia para ancianos. Por en medio la República, la Guerra Civil, la Resistencia, los campos de concentración, la Posguerra ... y mucho más. Una vida desgarradora, no les quepa la menor duda, un fresco histórico, un reportaje al siglo XX español, que hay que leer para comprobar la calidad de los textos de Antonio Altarriba Ordóñez y las imágenes, viñeta a viñeta, de Kim, ese dibujante al que todos asociamos con su personaje más famoso, ‘Martínez el facha'.

Pregunta (P): ‘El Arte de volar' ¿es una catarsis o un homenaje a tu padre?

 

Antonio (A): En principio surgió más como necesidad para mí que como homenaje a mi padre. Si me puse a escribir este guión fue porque tras sumirse en una depresión muy severa durante mas de quince años, mi padre murió como lo hizo. Posteriormente se produjeron una serie de acontecimiento alrededor de este asunto, que no aparecen en el álbum, y que me empujaron definitivamente a escribirlo.

P.- Supongo que te refieres al feo detalle de los 34 euros, ¿no?

A.-Sí. Mi padre se suicidó un día 4 y desde la residencia donde se alojaba me enviaron una carta pidiéndome que pagase los 34 euros que había dejado a deber durante esos días. Eso me llevó a entablar un proceso legal con la Comunidad Autónoma de La Rioja, lugar donde se encontraba el centro. La situación era indignante y de ella forzosamente tenía que surgir una reivindicación o, al menos, una reubicación de mi padre. Con la existencia tan llena de fracasos que había llevado, parecía que incluso después de muerto querían seguir jugando con él. Yo sentí la necesidad de salir de aquella circunstancia tan dolorosa y el álbum me está ayudando a cerrar el duelo por su muerte.

P.- La vida trató muy mal a tu padre, ¿quizá la muerte lo está tratando mejor?

A.- Creo que cuando más sufrió fue durante los últimos años de su vida. Con el paso del tiempo, los años de la Guerra Civil y los de los campos de concentración los contaba como algo estupendo, porque fue el periodo en el que estableció sus grandes amistades y vivió con gran intensidad. A partir de los 75 años, decepcionado por todos los sueños e ideales que no se habían cumplido, entró en una gran depresión. Al final de su vida sólo hablaba de la Guerra y de la camaradería que existía entre sus amigos y él. Creo que tienes razón al decir que la muerte le está tratando mejor que la vida, porque ahora mucha gente habla y se preocupa por él. Es algo que yo veo, que me alegra y que no termino de creerme.

P.- A pesar de todo, tu padre tenía ganas de vivir y se ilusionaba con cualquier cosa: cambiar de lugar de residencia, aprender, estudiar, manejar un coche, repartir el correo durante la Guerra ...

A.- Ahora, en la distancia, cuando repaso su vida, cuando veo que tras la dura jornada agrícola pasaba las noches en blanco estudiando, observo que se iba a agarrando a cosas inverosímiles que representaban cualquier posible salida hacia algo mejor. Él creía que poseer el carnet de conducir era un pasaporte que le abriría muchas puertas. Y no fue así. Era un hombre que seguía manteniendo la ilusión, muy vital, con buen humor, como muchos de sus amigos anarquistas a los que yo conocí de pequeño. Todos ellos eran gente desarrapada, que no tenían nada y estaban dispuestos a sacrificar lo que hiciese falta, incluida su propia vida, por un ideal. Y eso es algo que a nosotros nos cuesta mucho de entender hoy en día.

P.- ‘El arte de volar' arranca de un montón de cuartillas que tu padre dejó escritas antes de morir, ¿has tenido que añadirle mucha ficción para darle consistencia?

A.- Lógicamente he tenido que añadir cosas. Por ejemplo y como podías suponer, mi padre no tuvo las alpargatas de Durruti, pero sí convivió con todas esas personas que pertenecían a la Centuria Francia. Algunas escenas están construidas no sólo con sus escritos, sino también de acuerdo con lo que yo conocía de su vida. En algunos momentos lo he colocado en escenarios en los que no estuvo, pero que me han ayudado a completar su trayectoria.

P.- ‘El arte de volar' está contado en primera persona.

 

A.- Sí, claro, tenía que ser así. A pesar de que mi padre no hablaba mucho conmigo, yo tenía con él una extraña complicidad. Por eso en el álbum hablo de una alianza de sangre entre él y yo. A fin de cuentas la suya todavía corre por mis venas. La historia, por tanto, no podía contarse de un modo distante e impersonal. Había que hacerlo con la primera persona que, además, me legitimaba para introducir esa ficción de la que antes hablaba, y que, en ningún caso, supone una traición a la vida real de mi padre.

P.- ¿Por qué te decidiste a narrar con el lenguaje del cómic y por qué escogiste a Kim para que la dibujase?

A.- La culpa la tuvo Paco Camarasa, el editor de Edicions de Ponent, que me vino a visitar a Vitoria en el momento en que andaba metido en todos los jaleos con la comunidad riojana. Se lo conté y me dijo que lo que tenía que hacer era escribir un guión y plasmarlo en un tebeo. Yo sabía que quería hacer algo con aquellas cuartillas, quizá una novela, pero no un cómic. Sin embargo, empecé a darle vueltas y entonces lo vi claro. Además, se concatenaron una serie de circunstancias - Kim acudió a un festival que organizábamos en Vitoria un grupo de amigos, donde nos conocimos y conectamos bien -, que favorecieron esta decisión.

Kim (K).- Más tarde yo tuve que presentar un libro en Barcelona - no me preguntes cómo salió [risas], porque era la primera vez que presentaba un libro -, y a esa presentación asistió Antonio. Fue entonces cuando me propuso dibujar el álbum. Yo le dije que estaba muy liado con lo de ‘El jueves' pero, a pesar de todo, me envió unas cuantas páginas. Al final acepté pero diciéndole que "sin prisas". Él aceptó y me dijo que lo hiciera a mi aire. Más adelante le fui enseñando algunos dibujos para que me diera su opinión y así fuimos avanzando.

P.- Cuando alguien dibuja o escribe algo, siempre hay una imagen que dispara la imaginación, ¿cuál fue esa imagen en tu caso, Kim?

 

K.- Después de leer algunas páginas del guión, la primera imagen que me vino a la mente fue la de dos hombres que estaban segando en el campo y los dibujé. El segundo dibujo fue el del protagonista cargado con una cama por las calles de Zaragoza. Luego hice otras pruebas con pincel, porque hacía mucho tiempo que no dibujaba y quería que quedase moderno, cosa que no he conseguido en absoluto [más risas].

P.- Acostumbrado a la extensión de las historietas de ‘Martínez el Facha', ¿se te hizo pesado dibujar una obra tan extensa?

K.- No, porque lo bueno fue que lo pude hacer a ratos y nadie me llamó para meterme prisa. Antonio me preguntaba cómo iba, pero nada más. Si, de repente me surgía un trabajo, lo tenía que aparcar a pesar de que me costaba un gran esfuerzo dejarlo, porque me lo pasaba muy bien dibujándolo. Además, no me leí el guión de un tirón sino a medida que me llegaban las páginas de Antonio. Y como disfrutaba mucho con la lectura, tenía ganas de recibir nuevas entregas para ver cómo continuaba.

P.- Eso es como escribir un libro sin saber a dónde te va a llevar, ¿no?

K.- Sí, pero eso no es muy profesional porque había personajes que más adelante cobraban importancia y que yo había dibujado sin mayor trascendencia. Pero bueno, no pasó nada.

P.- ¿Por qué en blanco y negro?

K.- El gris a mí me gusta aunque también me gusta el color porque yo, al principio de mi carrera, iba de pintor. Había pensado darle un tono sepia o marrón, pero si en blanco y negro he invertido cuatro años para terminarlo, con el color no te quiero ni contar lo que me hubiese costado.

A.- Primero vi los dibujos sin los grises. Con ellos observé luego cómo adquirían volumen las viñetas. Ahora no me las puedo imaginar a todo color.

K.- Me ha costado tanto tiempo porque en ‘El arte de volar' no hay nada hecho con ordenador. Todo está dibujado a mano, incluidos también los textos. El ordenador me lo compré después.

P.- ¿Te habrás tenido que documentar mucho para las escenas?

K.- Tengo muchos libros de Capa y de otros fotógrafos sobre la Guerra Civil y cuando necesitaba alguna imagen se la pedía a alguien de ‘El Jueves' que se manejaba bien con el ordenador. En un minuto me daba una copia impresa de lo que quería y yo alucinaba. Por eso me lo compré y ahora, poco a poco, me he ido metiendo en ese mundo y ya me defiendo más o menos.

P.- El álbum está lleno de escenas de multitudes, eso es complicado de dibujar, ¿no?

 

K.- Yo siempre he dibujado multitudes, me interesan mucho. Soy muy detallista y quiero que los coches, los aviones y los fusiles sean los que corresponden. No me gusta "tocar de oído".

P.- Antonio, cuando hice la reseña para SIGLO XXI de ‘El arte de volar', algo me llamó la atención: tu padre lo tuvo fácil para pasarse al otro lado. Ni siquiera le interrogaron o le pusieron en cuarentena, ¿esto no es un poco ingenuo?

A.- En cuanto mi padre les contó que quería pasarse y luchar con ellos le creyeron. Puede resultar ingenuo, pero era así. En sus cuartillas, cuenta que incluso llegaron a pedirle disculpas porque al verlo llegar le habían disparado y casi le matan.

K.- Hasta que no llegaron los comunistas e impusieron su disciplina, los anarquistas se comportaban de ese modo.

A.-Ni siquiera cuando fue al cuartel de Caspe le interrogaron con insistencia. Quizá por eso había tanto quintacolumnismo en la zona republicana.

P.- Kim, tú siempre has trabajado sólo, es decir, te has encargado del dibujo y del guión, ¿qué tal la experiencia? ¿Pensáis repetirla?

 

K.- He trabajado supercómodo y le he dicho a Antonio que si tiene otra idea que me lo diga porque echo a faltar este trabajo. Ha sido fácil de hacer porque el guión estaba muy bien construido. Me indicaba hasta cómo veía él la escena, aunque también me decía que la hiciera como yo quisiera. Alguna viñeta la tuve que doblar porque los bocadillos no cabían enteros, ya que el texto en el álbum es muy abundante.

P.- Aunque es una obra dura, ‘El arte de volar' es ya una obra imprescindible en el mundo del tebeo.

 

K.- Es verdad que es un relato duro, pero cuando acabas su lectura te das cuenta de que hubo una generación que vivió aquello. No es una historia más de la Guerra Civil, es una historia mucho más larga y en la que todavía podríamos habernos extendido un poco más, sobre todo en algunos temas como los del servicio militar y el estraperlo.

A.- Que esté recibiendo tan buenas críticas es algo que no me esperaba y que me alegra, sobre todo porque Kim, un clásico de la historieta, le ha metido muchas horas a un álbum que, además, es la vida de mi padre.

Herme Cerezo

Publicado en SIGLO XXI, 5 de noviembre de 2009

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31 Octubre 2009

"Ciudadano Evremont, nombrado Darnay" o Charles Dickens e ‘Historia de dos ciudades'

"Ciudadano Evremont, nombrado darnay" es una de las frases, quizá la que más, que se repite a lo largo de una novela mítica y emblemática del escritor inglés Charles Dickens (Landport, Portsea, 1812-Gad's Hill, Rochester, 1870): ‘Historia de dos ciudades', publicada en 1858, cuando Dickens ya había compuesto una buena parte de lo más conocido de su producción: ‘David Cooperfield', ‘Oliver Twist', ‘Los papeles póstumos del club Pickwick'... Y ésta es una reseña doble. Es la reseña de la novela y la de su traslado al mundo del cómic, realizada en el año 1970 por el dibujante José María Casanovas Magrí, basada en la adaptación confeccionado por Armonía Rodríguez Lázaro. La aparición del tebeo - creo recordar que costaba quince pesetas - se inscribió dentro de la serie ‘Joyas Literarias Juveniles' que la editorial Bruguera sacaba por aquel entonces al mercado, un intento exitoso por divulgar la literatura más clásica (Verne, Stevenson, Dickens, Scott, Salgari, May, Conan Doyle, Melville, etcétera) entre los más jóvenes valiéndose del lenguaje del cómic.

Leí ‘Historia de dos ciudades', en cómic, hace muchos años, cuando me tocaba por generación. Fue una sorpresa mayúscula. La historia me atrajo por un doble motivo. De un lado, por el tema: hasta tal extremo llega el amor de un hombre por una mujer, que puede conducirle, incluso, a sacrificar su propia vida a cambio de salvar la de aquél a quien ella ama. Y por otro lado, por el propio cómic. Aficionado, como saben mis improbables, a los tebeos desde muy pequeño, constituyó un enorme alborozo descubrir las imágenes intransferibles creadas por Casanovas para este clásico, imágenes que, además, me proporcionaron mi primera aproximación a un tema tan importante como la Revolución Francesa. Recuerdo que una de las viñetas del cómic, la del baile de La Carmagnola por las calles de París, se quedó a vivir en mi mente durante mucho tiempo. Luego desapareció o eso creí yo, pero en realidad se quedó oculta, callada, disfrazada tal vez. Cuando hace poco decidí leer la novela, mientras la hojeaba en una librería, esta imagen regresó con autoridad propia, impulsada por algún resorte oculto del software que gobierna nuestro cerebro. En efecto, allí estaban aquellas parejas de parisinos y parisinas, desfilando alborozadas, panderetas al aire, con el castillo de rojos y puntiagudos remates al fondo, los gorros frigios, los fajines tricolores de la bandera francesa, cruzados desde los hombros hasta la cadera, bailando y cantando ante el anuncio de nuevas ejecuciones en la guillotina. Nunca pude entender, y quizá por eso la imagen permaneció latente en mi hard disk mental, cómo se podía estar alegre cuando se anunciaba un ajusticiamiento público. Había ahí una contradicción, alegría-tristeza, que no terminaba de asimilar. Y que la lectura de la novela de Dickens hoy, cuarenta años después, me ha permitido comprender mejor.

José María Casanovas Magrí (Barcelona, 1934-Mataró, 2009) fue un prolífico dibujante no demasiado conocido en nuestro país a mi entender. Comenzó dibujar en 1957 para la editorial Bruguera, aunque una buena parte de su producción voló al extranjero (EE.UU., Inglaterra, Finlandia, Alemania e Italia). Para Bruguera realizó algunos capítulos de la colección de ‘Joyas Literarias Juveniles' (‘El perro de los Baskerville', ‘Las Indias negras' o ‘Un descubrimiento prodigioso'), además de dibujar episodios de ‘El capitán Trueno' o 'El Jabato'. Igualmente, colaboró con la editorial Ferma y trabajó en algunas series de corte romántico y también de acción como la serie John Sinclair publicada en Alemania.

La ‘Historia de dos ciudades' dibujada por Casanovas es una estupenda adaptación de la novela del escritor británico, teniendo siempre presentes las limitaciones de espacio. En apenas 32 páginas, el dibujante catalán y la guionista, Armonía Rodríguez, hicieron un trabajo notable. Si tenemos en cuenta que la censura franquista, por la época, tendría el ojo avizor en torno a todo lo que oliese a ciertos temas, uno de ellos la Revolución Francesa de 1789, en la que nuestros vecinos le cortaron la cabeza a Luis XVI y abolieron la monarquía absoluta por él representada, su trabajo debió verse condicionado por este asunto. No es que Dickens, en su novela, se mostrase abiertamente partidario de los revolucionarios, es más bien lo contrario, pero no deja de admitir y denunciar la existencia de situaciones injustas que justificaron o, al menos, propiciaron la revolución: hambre, pobreza, distanciamiento del monarca con relación al pueblo llano, actitudes déspotas de los nobles, desprecio por la vida de sus súbditos ... Y eso, me imagino, de alguna manera habrían de controlarlo. Los censores, digo.

El dibujo de Casanovas es magnífico y minucioso, claro, perfectamente acabado, con un minucioso esfuerzo por retratar fielmente los exteriores, para el que indudablemente tuvo que servirse de fotografías y postales, ya que dudo mucho que su economía, o los dispendios de la propia editorial, le permitiesen desplazarse a la capital del Sena para ver los detalles "in situ". La imaginación antes - y aún ahora - sustituye con éxito al tren, al coche o al avión. Sin duda. Como muy bien dice TEBEOSFERA en un artículo dedicado a Casanovas, ".. fue un autor muy esmerado en el detalle [...] que nunca descuidó la profundidad de campo ni los detalles en primer plano que aportaban un toque de distinción al conjunto, pese a tratarse muchas veces de escenas cotidianas". Los enfoque de las viñetas de ‘Historia de dos ciudades' son espléndidos. Los hay de todo tipo, desde el tradicional hasta los dibujos trazados a ras de tierra, como si el lector estuviera pisando el empedrado donde se desarrolla la acción. Además, Casanovas rompe la viñeta tradicional cuadrada o rectangular para introducir otras redondas, alguno de cuyos elementos saca fuera de ellas, sobredimensionándolos, para destacar su importancia. Un recurso, este último, propio del noveno arte y del que los demás carecen.

La publicación de estos "Clásicos Juveniles", que ahora reedita PlanetaDeAgostini, es una estupenda oportunidad de recuperar los más de doscientas obras literarias que aparecieron durante los años setenta y ochenta en formato cómic, a todo color y en treinta y dos páginas. La colección se presenta en tomos de dos y tres títulos, agrupados preferentemente por escritores. Se echa de menos, sin embargo, una introducción, aunque fuese mínima, sobre los dibujantes, guionistas e incluso de las obras y sus autores. Algo así como lo que ha hecho Antoni Guiral en los ‘Clásicos del Humor' de Bruguera, que le otorga a los volúmenes un valor añadido del que carecen estos ‘Clásicos juveniles'. Y no piensen que es edición para cuarentones o cincuentones nostálgicos. La colección está pensada para todos aquellas personas que hicieron volar su imaginación pilotada por los grandes escritores de todos los tiempos, cuyos nombres ya he citado al principio. Las generaciones de hoy abren sus mentes a otras cosas: grandes hermanos, navegaciones por Internet, aventuras exóticas televisadas y otras cosas por el estilo. Quizá ellos estén en lo cierto y sea lo que toque hacer hoy. Quizá. ¿Quizá?

Y una cosa más. No se pierdan tampoco la ‘Historia de dos ciudades' original, en novela. Es un título que merece la pena ser leído. Primero, por la calidad narrativa de Dickens, que aporta el peculiar modo británico de entender las cosas. Él habla desde el punto de vista de quien vive en un país que parece exento de las oleadas revolucionarias y, la serenidad que esto le proporciona, le permite mirar con un innegable distanciamiento los acontecimientos que se desarrollaron en el país galo (el de Astérix) a finales del siglo XVIII. Como les decía antes, Dickens comprende los motivos que llevaron a los franceses a levantarse contra la tiranía, sin dejar de denunciar los excesos. Además, los datos que maneja el escritor inglés son buenos y ciertos, con lo que su argumento de ficción, en algunos pasajes, se apoya en hechos objetivos y sus comentarios, en ocasiones, bordean el filo de lo profético. Y no se asusten por las casi seiscientas páginas del volumen editado por Alianza Editorial y que es el que he escogido para leer la novela. Además de su cómodo manejo (no pesa mucho, amplios márgenes, tipografía suficiente), la traducción es estupenda. Y muy cuidada. Algo no muy normal en los tiempos editoriales que corren.

Herme Cerezo

‘Historia de dos ciudades', ‘Cuento de Navidad' y ‘Vida y aventuras de Nicolas Nickleby' de Charles Dickens. Colección Joyas Literarias Juveniles. Editorial PlanetaDeAgostini. Dibujos de Rodríguez Lázaro, Casanovas Magrí y Casamitjana Colominas. Tapa dura, color, 7,95 euros.

 ‘Historia de dos ciudades' de Charles Dickens. Alianza Editorial. Colección 2013. 592 páginas, tapa blanda, 9,90 euros.

 Publicado en SIGLO XXI el 31 de octubre de 2009.

 

 

 

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31 Octubre 2009

Polly y los piratas, novedad Dibbuks, noviembre 2009

Durante el próximo mes de noviembre, la editorial Dibbuks ponea a la venta Polly y los Piratas, de Ted Naifeh. Ted es mundialmente conocido por su historias de corte gótico y tenebroso como Death Jr, Courtney Crumrin o GloomCookie. Ahora, con Polly y los Piratas, manteniendo la misma estética gráfica que tanto gusta, se adentra en una aventura fantástica de piratas.
Bellamente editada, se ha tratado de realizar un diseño de álbum lujoso y cercano a su particular estética. Con el lomo redondeado e imitación de nervios en el mismo, hará las delicias de los lectores/as más exigentes. ¡Seguro!

Es nota de prensa de la propia editorial.

El Kiosquero.

Tags: otros

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26 Octubre 2009

Cosas que ... cabrean.

Hoy, 26 de octubre del año 2009 de Nuestro Señor, por la Universitat Vella de Valencia han desfilados los autores de uno de los mejores cómics que se han publicado nunca por el solar patrio. Me refiero a Antonio Altarriba y al dibujante Kim, que han acudido a charlar con los asistentes sobre su álbum 'El arte de volar'. Álvaro Pons ofició de pontifex maximus, es decir, de presentador, animador, introductor, etcétera, etcétera, con su habilidad habitual (disculpen la redundancias pero hoy no ando para pulcritudes) y aportando su granazo de arena para poder evaluar en toda su magnitud la importancia de este trabjo.

Lo bien cierto es que hechos como este  no se producen muy a menudo por la capital del río Turia, ya saben ese río que tiene dos cauces para elegir y que no usa ninguno. Y lo bien cierto es también que muy poca gente aprovecha estas coyunturas para conocer a sus autores favoritos. A pesar del esfuerzo desplegado por los organizadores, por Edicions de Ponent y por el propio Álvaro Pons a través de 'La cárcel de papel' para anunciar el evento, nasti de plasti. Apenas treinta personas, incluido el personal destinado por la Universidad para cuidar la sala, el sonido, iluminación y otros atrezzos.

Esta ciudad no tiene remedio. Ocurrió igual el año pasado con Carlos Giménez y ocurre igual con la presentáción de cualquier libro, cuyos escritores no sean los actuales ganadores del Premio Planeta, algún politiquillo retirado con el pico suelto o alguna cotilla profesional de la TV. Uno se pregunta si vale la pena que los autores, en este caso, dos, uno de Barcelona, Kim, y el otro, Antonio Altarriba, desde Vitoria, se desplacen hasta nuestra ciudad. Tienen valor. Vienen a hablar apenas con tres decenas de asistentes.

Aquí todo se va en cohetes, ninots y moros y cristianos, y así nos va. En fin la gente se lo pierde.

El Kiosquero

 

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21 Octubre 2009

‘Suéter’ de Esteban Hernández: un tema delicado, bien resuelto con colores vivos.

Una brillante portada. Líneas irregularmente rectas. Colores vivos. Un tipo joven de patillas largas, humeante, que asoma a la calle desde una estación del Metro. Por muchas coincidencias, el territorio parece Valencia. Pero eso no pasa de ser una anécdota. Puede ser cualquier ciudad española. O extranjera. Todas estas características anticipan lo que el lector va a encontrar en ‘Suéter’, último trabajo de Esteban Hernández.

Un blíster de ansiolíticos, o de somníferos, o de antidepresivos. ¡Qué más da! El protagonista se incorpora en la cama. Expresión dormida, ojos aún cerrados. Suena un despertador recalcitrante, ¡bip, bip, bip, bip, bip! Ya sentado sobre el borde del colchón, engulle la primera píldora de la jornada con un trago de agua. Luego permanece pensativo. Como si se tomase una pausa para lo que le aguarda. Silencio. Su mirada regresa tres años atrás. Recuerda sus comienzos con las drogas. Y la figura de un tipo, Lolo, el suministrador colega, que le ponía “tenso y paranoico”. El protagonista padece problemas psicológicos. Luego conoceremos cuáles. Culpa de todo ello a Lolo. O a las drogas. Ambas cosas son lo mismo. Pero es una justificación irracional. Y lo sabe. Y no lo oculta.

El dibujo de Esteban Hernández para este ‘Suéter’ carece de líneas rectas. Ya lo dije al comienzo. Todo parece trazado a mano alzada. No importa la exactitud. Y a pesar de ello, las perspectivas, la profundidad de campo se perciben con absoluta nitidez. Impagable es, a este respecto, la viñeta de uno de los pasillos del suburbano. O la del coche y el plano urbano al fondo. El trazo es limpio, adobado con sombras sencillas, que simulan pliegues y otorgan a las escenas el relieve justo que precisan. No más. Pero el estudio de los gestos, de los rostros, de los ojos, revela perfectamente el estado anímico de los personajes.

El protagonista, un enfermo esquizofrénico, encuentra un momento rutinario para dar rienda suelta a su imaginación: el puro acto de quitarse un suéter. En ese instante íntimo, imagina expresiones, vocaliza insultos mudos, interpreta muecas invisibles para todos menos para sí mismo. El suéter, quitarse el suéter, le proporciona el anonimato, la impunidad que precisa para sobrevivir a los momentos críticos de su existencia, aquellos en los que se siente inseguro, apagado, apático, melancólico, indefenso, derrotado… Un refugio oscuro, personal e íntimo. Intransferible. Y de esa intimidad, de ese rito banal – quitarse el suéter – es de lo que nos habla a lo largo del álbum.

Pero ‘Suéter’ esconde algo más que esa introspección individual. Todos los personajes que desfilan: un revisor, extrañamente coaccionado por la Compañía para la que trabaja; un anciano asustado y un escritor al que por su aspecto y atuendo confunden con la Parca, no son sino personajes de actitudes extrapoladas, delirantes, tan esquizofrénicos o más que el propio protagonista. El fino vericueto que separa la depresión de la ansiedad es transitado por poca gente en este mundo. Lo normal es, en ocasiones, caer hacia uno de los dos lados. Y recuperarse luego, claro. Lo peligroso es no hacerlo.

Para abordar este espinoso tema – la esquizofrenia, las drogas, el viaje interior – el dibujante recurre al color. Colores muy vivos, bonitos, brillantes, alegres. Una forma artística, tan válida como otra cualquiera, para analizar el problema. Y el paisaje urbano también le ayuda, dibujado de modo amable, acogedor, humano. Escaparates, cafeterías, ventanas, balcones, accesos al suburbano. Un entorno conocido, familiar, seguro. Una ciudad irreal, mestiza.

Una bella experiencia. Y dura, que incrementa el ritmo y la tensión página a página, viñeta a viñeta, trazo a trazo. Un cómic interesante este ‘Suéter’ de Esteban Hernández. Sin duda que sí.

Herme Cerezo

‘Sueter’ de Esteban Hernández Ed. Planeta, junio 2009. Tapa dura, color satinado. 11,95 euros.

Publicado en SIGLO XXI, 23/10/09

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Sobre mí

El KIOSCO DE DOLAN nació para la difusión del mundo de la historieta que, afortunadamente, cada vez goza de mayor aceptación. El nombre, fácil es intuirlo, proviene de Eustache P. Dolan, el comisario de Central City, jefe de Spirit y padre de Ellen, su novia eterna. EL KIOSCO sólo pretende rendir justo homenaje a los personajes secundarios de los tebeos, no siempre bien valorados, pero sin cuyo concurso muchas tramas se vendrían abajo. Los copyrights de los textos son míos y se pueden usar citando la fuente de procedencia. Los de las imágenes son de sus autores y las utilizo exclusivamente con fines divulgativos. Espero que en lugar de molestarse por ello, comprendan mi buena intención. A 27 de diciembre del año de Nuestro Señor 2007. _________________________________________________________________________________

"EL PERRO FALDERO" de Herme Cerezo


"El perro faldero" se publicó en marzo de 2003 por Brosquil Edicions de Valencia. Comprende 21 relatos, un prólogo y un epílogo. No hay ni una sola línea argumental que los una. Unos son relatos de registro policial, otros de humor, humor negro, y alguno de ellos asoma sus morros por la literatura fantástica. Image Hosted by ImageShack.us
Copio aquí lo que reza su contraportada para que conozcan qué tipos de criaturas se pueden tropezar por sus paginas:


"Por el tiempo urbano de 'El perro faldero' deambulan ladrones mágicos, terroristas con manos de tahúr, sicarios educados, eternos aprendices del golpe perfecto, administrativos iluminados, ejecutivos de corte impecable, inmobiliarias sin escrúpulos, mujeres impacientes, camellos de guante blanco, solitarias divas, atracadores acosados por la incredulidad, psicópatas de costumbres cosmética, heteiras sin futuro y con pasado, leyendas de los mares, perros delatores, familias sorpresivamente tradicionales, pistoleros racistas, policía cautelosos, antropófagos involuntarios, refinados carteristas ... "


Editado por Brosquil. Para solicitar un ejemplar, clicar aquí.

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